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Aquarela do Brasil (o de cuando Disney hacía propaganda)

Viernes, 16 marzo 2012

Prácticamente todos hemos crecido con algunas de las historias animadas de Disney, películas que en muchas ocasiones reescribían toda clase de historias y cuentos clásicos, dotándolos siempre de una gran carga moral destinada a inculcar en los niños casi todo tipo de valores considerados positivos en un envoltorio, en ocasiones, demasiado azucarado. Sin embargo, esta moralina característica de la factoría Disney no siempre estuvo al servicio de enseñar a los más pequeños a diferenciar entre el bien y el mal.

Fotograma de "Der Fuehrer's Face"

Fotograma de "Der Fuehrer's Face".

Posiblemente las películas más moralizantes de esta fábrica de sueños fueron producidas durante la Segunda Guerra Mundial y los principales destinatarios de sus mensajes ocultos no eran los niños, sino los adultos. Uno de los casos más conocidos es el cortometraje de 1942 Der Fuehrer’s Face (El rostro del Fuhrer, en español), en el que, a través de las cómicas desventuras de un Pato Donald convertido en soldado alemán, se parodia al régimen nazi en particular y al fascismo en general. Al ver estas películas, los niños se reirían de los problemas del patoso protagonista, mientras la moral de sus padres era levantada mediante la burla del enemigo.

Walt Disney, Der Fuehrer’s Face, 1943.

En medio de una contienda de proporciones planetarias, el cine era un un arma más al servicio de la maquinaria bélica estadounidense y este tipo de propaganda patriótica, producida por encargo del Gobierno estadounidense, un modo habitual de apelar al marcado sentimiento nacionalista de sus ciudadanos. Cortos como The Spirit of’43 (El espíritu del 43) es un claro ejemplo de este tipo de propaganda de consumo interno, destinada a aleccionar a la población estadounidense.

En esta historieta de apenas seis minutos de duración, Donald se convierte en el típico obrero estadounidense que cobra cada semana por su trabajo en una fábrica, a quien se le recuerda que debe pagar sus impuestos trimestrales para mantener al ejército. Su objetivo era, apelando a su patriotismo, conseguir que los estadounidenses cumplieran con esta obligación sin sucumbir a la tentación de gastar el dinero destinado a sufragar los gastos de la guerra, tal y como hace Donald cuando un pato en forma de demonio trata de convencerlo de que se gaste el dinero en la taberna.

Walt Disney, The Spirit of’43, 1943.

Pero en este contexto bélico la propaganda estadounidense no se circunscribía a intentar levantar la moral de sus ciudadanos mientras les recordaba que debían cumplir sus obligaciones como buenos patriotas americanos. En un escenario en el que comenzaba a formarse un nuevo orden de fuerzas mundiales, Estados Unidos necesitaba atraer hacia su órbita a los países de Sudamérica, hasta entonces neutrales, y alejarlos de las tentaciones comunistas, apelando a una “política de buena vecindad” a la que Disney no fue ajeno.

A comienzos de la década de los 40, Walt Disney atravesaba problemas económicos debido a que la guerra había paralizado sus inversiones en Europa y sufría conflictos sindicales con los trabajadores de sus estudios. Es en este escenario adverso –hostigado por la guerra y con necesidad de liquidez– en el que la empresa produjo una serie de cortometrajes en los que se ensalzaba la belleza de Sudamérica.

Con el encanto de sus mejores clásicos y un ligero toque añejo que le ha permitido envejecer sin perder nada de su frescura, Acuarela do Brasil es una de esas en apariencia inocentes cintas que Disney dedicó al sur del continente americano. El corto narra el primer encuentro entre, de nuevo, Donald y José Carioca, un papagayo que aparece en el filme de 1943 Saludos amigos –en el que posteriormente se integraría esta pieza–, que acompaña a Donald en un viaje a lo largo y ancho de Brasil y que repetiría protagonismo junto al famoso pato en Los tres caballeros (1944).

Walt Disney, Acuarela do Brasil, 1942.

Este corto supone la introducción del personaje de Carioca y su papel en la película, como embajador de las bondades de un Brasil hospitalario con el amigo americano. Su objetivo es encandilar al espectador, algo a lo que contribuyen enormemente los exuberantes decorados y la pegadiza ambientación, con música de Ary Barroso interpretada por Aloysio Oliveira, y la famosa samba Tico tico. De hecho, el tema de Barroso, que da título al corto, fue versionado años después por Michael Muldaur en la composición Brazil para la película de 1985 del mismo título.

Para producir estas películas, en 1941 el propio Walt Disney encabezó una expedición a distintos países de América Latina, integrada por varios dibujantes, músicos, productores y técnicos, con el objetivo de seleccionar temas y localizaciones para los filmes que se rodarían a petición del Gobierno estadounidense.

Entre 1941 y 1946 los estudios Disney se volcaron en la producción de todo tipo de películas y cortometrajes relacionados con la intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y varios de ellos, como los ya citados, directamente destinados a promocionar al país entre sus vecinos.

Estas cintas eran financiadas con fondos procedentes del Departamento de Estado, que durante la contienda llegó a tener en marcha un auténtico programa propagandístico junto a las principales productoras del país. Y en esta estrategia, Sudamérica era una pieza clave, tal y como han puesto de relieve algunos estudios que analizan la presencia del cine propagandístico en esa época en el subcontinente.

Fotograma de "Aquarela do Brasil"

Fotograma de "Aquarela do Brasil".

Sin embargo, en los créditos de estas películas no se hace mención al apoyo gubernamental de que gozaban. Para el Gobierno era crucial que esas películas no se vieran asociadas a una estrategia política. Era necesario que fuesen percibidas como algo espontáneo, fruto de la iniciativa de una productora privada y no como parte de una política que buscaba un acercamiento de esos países, en su lucha contra una posible expansión del comunismo soviético.

Quizá esa ausencia de mención a su origen político convirtió un ejercicio de propaganda patriótica en un ejercicio de propaganda comercial en el que Disney fue el mayor beneficiado. En medio de una crisis bélica y económica que amenazaba la supervivencia de sus estudios, Walt Disney no dudó en ayudar a su Gobierno y vender la imagen de Estados Unidos en Sudamérica.

Un ejercicio de propaganda en estado puro que, aunque no evitó que muchos de esos países sigan sintiendo –fundados no no– recelos del gigante norteamericano, contribuyó en gran medida a convertir a Disney en la gran marca global que aún hoy es. Con un poco conocido pasado de propagandista político incluido.

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