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Microrrelatos (II)

Homicidio frustrado

Los electrodomésticos de la casa estaban decididos a acabar con la vida de su dueño, aquel hombre que no paraba de tocarlos y violentarlos, manoseando sus botones más íntimos.

Reunidos en asamblea, decidieron que el más indicado para ejecutarlo era el secador de pelo. Lo haría el lunes por la mañana, temprano. Cuando el hombre estuviese en la ducha se arrojaría sobre el charco de agua espumosa que se formaba junto al desagüe de la bañera.

Nadie sospecharía de ellos. Lo calificarían como un desgraciado accidente, fruto de las prisas y la resaca del fin de semana.

Sin embargo, los electrodomésticos no contaron con que el hombre tenía como aliados al diferencial y a la toma de tierra.

R.J.R.
Madrid, 8 de mayo de 2008.

Solitario

Siempre pensó que la ludopatía era una enfermedad que arruinaba a los que malgastaban su tiempo entre casinos, bingos y máquinas tragaperras.

En todo momento procuró mantenerse alejado de mesas de ruleta o blackjack y nunca se le ocurrió acudir a una de las timbas que todas las semanas organizaban sus amigos.

Por eso, casi sufrió un infarto el día en que dos ejecutivos de Microsoft se presentaron en su casa para reclamarle el pago de los cientos de miles de dólares que había perdido jugando a su solitario.

R.J.R.
Getafe, 13 de junio de 2008.

El último vuelo

Cada día pasaban ante sus ojos miles de viajeros. Todos distintos, pero todos con un destino compartido.

Ejecutivos trajeados, emocionadas amas de casa, turistas ávidos de sol, jóvenes desenfrenados, viejos ya cansados… todos y cada uno de ellos pasaban irremediablemente ante su puerta de embarque.

A veces, algunos llegaban demasiado pronto. A ésos les decía con resignación que volvieran a casa, que aún no había llegado la hora de que tomaran el último vuelo.

Luego, al despertar, sólo recordarían un túnel bañado por una intensa luz blanca. Era el finger que él, desde su mostrador de embarque, no les dejó atravesar.

R.J.R.
A 34.000 pies de altura, en algún lugar sobre la vertical de Sevilla,
20 de junio de 2008.

El ángel de la Guarda

“¿Eres un ángel?” preguntó la niña.

“Soy tu ángel de la guarda”, respondió el bombero, mientras la sacaba en brazos del edificio en llamas.

R.J.R.
Getafe, 27 de abril de 2008.

Desactualización

Malacostumbrados, sus lectores se quejaban de la falta de actualización de su blog. Ignoraban que en el Más Allá no hay conexión a Internet.

R.J.R.
Getafe, 15 de mayo de 2008.

Sueños de aeropuerto

Era una mujer fuerte y vivaracha, siempre optimista y animada ante las largas y tediosas horas de la jornada laboral.

Le encantaba pasarse el día entre puertas de embarque, salas de espera, controles de pasaportes y cintas transportadoras de equipajes. Cuando se quedaba sola -lo que ocurría con bastante frecuencia en los interminables turnos de noche- solía soñar que cada día volaba a un nuevo destino, cada vez más exótico y lejano.

Podía recordar hasta el más mínimo detalle de esos imaginarios lugares en los que soñaba haber estado y de cuya existencia sólo conocía por las pantallas que informaban de las llegadas y salidas de los vuelos.

Vivía, prácticamente, en el aeropuerto. Y, a pesar de lo que pudiese pensarse, era feliz con su vida aunque subiera a los aviones únicamente para limpiarlos.

Porque le aterraba volar.

R.J.R.
A 34.000 pies de altura, en algún punto entre
Gran Canaria y el sur de la Península Ibérica,
20-22 de junio de 2008.