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Declaración

–A ver, señora, cuénteme eso tan importante que no podía esperar.

–Pero si ya se lo he contado al policía de antes.

–Ya, señora, pero necesito que me lo diga también a mí.

–No sé, señor inspector.

–Comisario.

–Sí, eso, comisario. Fíjese que ahora me parece una tontería y no quiero meter a Margarita en un lío por una tontería.

–Señora, nadie se mete en un lío por una tontería.

–Pero…

–Además, si es una tontería o no, nos toca a nosotros decidirlo.

–No sé, señor inspector. Que ya una vez denuncié que el vecino de enfrente venía a orinarse en el portal y no me hicieron ni caso. Y no vea cómo se puso de pulgas la escalera. ¡Y los olores!

–Bueno, bueno, señora. Eso no viene ahora al caso.

–¿Cómo que no, señor inspector?

–Comisario.

–Eso, comisario.

–Continúe. Me hablaba de Margarita.

–¿Margarita? ¡Ah!, sí, la vecina del tercero. Verá, hará cosa de un mes y medio sucedió algo muy raro.

–¿Qué?

–Pues que me la encontré con su bebé en el ascensor. Debía de tener unos tres meses. No lo sé con seguridad, porque nunca lo había visto antes, pero estaba gordito y sonrosadito.

–No veo qué tiene eso de raro.

–Es que cuando le dije lo hermoso que estaba, no sé, se puso como a la defensiva.

–¿A la defensiva?

–Sí, verá, es que le dije que cuando los niños están así como el suyo, dan ganas de comérselos y que cuando crecen una se arrepiente de no habérselos comido. Y, ¿sabe lo que me contestó, la muy descarada?

–No, ¿qué?

–Que a ella eso nunca le ocurriría. ¡Imagínese! ¡Qué nunca le ocurriría! ¡Será…!

–Igual no le gustó su comentario.

–¿Lo ve? No me está tomando en serio. Ya le dije que le iba a parecer una tontería.

–Que no. Que la tomo muy en serio. Continúe, por favor.

–Nada, que después de ese día ya no volví a ver al niño. Y esta mañana, caí en la cuenta de que había estado embarazada por lo menos otras tres veces desde que vive en el bloque.

–¿Y?

–Que nadie ha vuelto a ver a sus hijos.

–¿Qué cree que ha pasado con ellos?

–Ya se lo dije antes a su compañero, señor inspector: ¡que se los come!

–¿Qué se come a sus hijos? Dígame, ¿cómo ha llegado a esa conclusión?

–¿Y qué quiere que piense después de encontrarme esos cuatro esqueletitos enterrados cuando fui a plantar tres matas de tomateras en una esquina del jardín comunitario?

R.J.R.
Arucas, 15 de junio de 2009.

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