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Éstas no son cosas que yo deba oír

Martes, 11 noviembre 2008

Hace años que mantengo una deuda con el escritor barcelonés Eduardo Mendoza. Nació mientras estudiaba tercero de BUP o COU. Por tanto, dura más de una década, aunque sólo me di cuenta de su existencia hará algo más de un año, cuando leí La ciudad de los prodigios. Desde la semana pasada, creo que empieza a estar saldada.

Portada de La aventura del tocador de señorasMi primera aproximación a la obra de Eduardo Mendoza se produjo cuando tenía 17 o 18 años, a través de un compañero de clase, por aquella época apasionado de la literatura –al igual que un servidor– y hoy filólogo, que me prestó un ejemplar de El misterio de la cripta embrujada, novela de misterio protagonizada por un interno de un manicomio que es sacado del mismo para que investigue las extrañas desapariciones de varias alumnas de un prestigioso colegio religioso.

Poco más recuerdo de la historia, salvo la narración de un sueño erótico que tuvo el protagonista en un tren, delante de varios pasajeros más. Quizá me esperaba otra historia u otro tipo de narración, pero lo cierto es que le comenté a mi amigo que, en general, el libro no me había gustado nada, apreciación con la que, por cierto, no estuvo muy de acuerdo.

Después de esa experiencia, mi interés por este autor fue nulo, hasta que cayó en mis manos un ejemplar de La ciudad de los prodigios, que devoré ávidamente el verano pasado, mientras me preguntaba si se trataba del mismo Eduardo Mendoza que me había horrorizado años atrás. Entonces me propuse dar una nueva oportunidad –aún con recelos– al desequilibrado protagonista de El misterio de la cripta embrujada.

Y esa oportunidad vino de la mano de La aventura del tocador de señoras, tercera novela protagonizada por este anónimo personaje, muy amigo de eruditas y descaradas reflexiones, a pesar de su confesada ignorancia.

La historia se inicia cuando el sanatorio en el que ha pasado la mayor parte de su vida es clausurado y el protagonista se ve obligado a buscarse la vida en la Barcelona de los años 90, totalmente distinta a la que conocía. Gracias a la ayuda de su hermana, acaba heredando El tocador de señoras, una peluquería de barrio en la que, por causas desconocidas, jamás entra un cliente, pero que le permite rehabilitarse y vivir como un ciudadano normal, hasta que cruza su puerta una joven que dice llamarse Ivet Pardalot.

A partir de ese momento, el innombrado protagonista de El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas –segunda de las obras que protagonizó– se verá envuelto en un engaño que le obligará a investigar un asesinato del que es el principal sospechoso.

Igual de estrambótico que en la novela anterior, el protagonista tendrá que lidiar con personajes que van desde un corpulento chófer miope africano, hasta el desequilibrado alcalde de Barcelona en plena campaña electoral, pasando por empresarios algo estúpidos, modelos de carrera frustrada o millonarias con alma –pero sólo alma– de femme fatale, que consiguen que parezca que el único cuerdo es el loco.

La narración –en primera persona– destila grandes dosis de ironía y sarcasmo, puestos en la boca de un personaje absolutamente descreído y al que la vida jamás le ha dado una oportunidad, lo que le permite juzgar con total crudeza a unos personajes aún más decadentes que él, ejerciendo una corrosiva crítica sobre la decadente Barcelona post olímpica, en la que nadie parece ser inocente de cualquier tipo de corrupción.

Nadie, excepto el protagonista, el único personaje que ha estado fuera de la ciudad durante esos años y que, por tanto, se permite juzgar a los demás personajes. Y casi ninguno sale bien parado.

En definitiva, La aventura del tocador de señoras se muestra como una crítica sarcástica de recomendable lectura, que invita a releer las otras obras protagonizadas por este personaje de desconocido nombre y que me obliga a desdecirme de las conclusiones de mi primera aproximación a la obra de Mendoza.

Aunque, parafraseando al alcalde de Barcelona –al del libro, no al real–, “Uf, éstas no son cosas que yo deba oír”.

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One Comment leave one →
  1. teniente d'hubert permalink
    Jueves, 13 noviembre 2008 4:43 pm

    Tal vez sea un autor con altibajos… Hasta hace muy poco me hallaba enfrascado en la lectura del ” El asombroso viaje de Pomponio Flato ” . A pesar de tener un argumentobastante interesante, el libro se me hizo algo pesado y aburrido. A lo mejor, dentro de unos años le doy otra oportunidad.

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