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Carrillo no ha muerto, ¿verdad?

Miércoles, 3 marzo 2010

Como ya conté la pasada semana, estos días estoy enfrascado en la lectura de Anatomía de un instante, una obra apasionante que, si bien no está resultando ser como esperaba, me está mostrando algunos aspectos del fallido golpe de estado de 1981 que hasta ahora desconocía, que me han llevado a hacerme más de una pregunta. Aunque ninguna tan desazonadora como la que me surgió cuando leí este párrafo, referido al líder comunista Santiago Carrillo:

“Fue el colofón desabrido de su carrera política. Lo que ocurrió después no ayudó a desmentirlo. Apartado de la política activa, escribiendo artículos en los periódicos y opinando con su eterna voz agrietada, monocorde y cachazuda en tertulias de radio y programas de televisión, pegado a su cigarrillo vitalicio, durante sus últimos años de vida Carrillo pareció encaramarse al pedestal venerable de los padres de la patria. Sólo lo pareció. Por debajo de los homenajes ocasionales y del respeto que los medios de comunicación y las instituciones dispensaban a su figura fluía una corriente adversa tan terca como poderosa: la derecha nunca dejó de asociar su nombre con los horrores de la guerra ni de inventarle nuevas iniquidades a su pasado, y hasta el final de sus días apenas pudo comparecer en un acto público sin que camada de radicales tratasen de boicotearlo con insultos e intentos de agresiones físicas…”

Cercas, Javier; Anatomía de un instante, Mondadori, 2009, pp. 222-223.

Porque después de leer ese fragmento, con ese uso del pretérito perfecto –que indica acción ya finalizada–, en lugar del presente o el imperfecto –que hacen referencia a la inacabada–, el primer pensamiento que me asaltó –y de forma inmediata y automática– fue el de preguntarme cuándo había muerto Carrillo, porque, si la memoria no me fallaba, aún no ha muerto. Sabía que en 2008 seguía vivo, porque, cuando trabajaba en la Agencia, una compañera acudió a un homenaje que le dieron y llegó impresionada con su personalidad y, aunque 2009 no fue un año en el que estuviera muy centrado, un óbito como este no se me habría pasado por alto.

Aunque, si les soy sincero, de tanto darle vueltas al asunto mientras venía en el metro, ya dudaba hasta de mis (no) recuerdos y empezaba –no sé por qué– a ponerme nervioso al no ser capaz de encontrar sentido al texto, salvo que su protagonista hubiera muerto. Y estaba casi seguro de que no era así.

Así que lo primero que hice al llegar a casa fue encender el ordenador y tirar de Google para averiguar que, aunque nacido en enero de 1915, Carrillo no ha muerto. Y no sólo sigue vivo sino que hoy mismo concedió una entrevista a la televisión autonómica catalana y en unas semanas participará en un ciclo de conferencias de Caja Granada.

Tras leerlo, suspiré aliviado. No porque Santiago Carrillo no haya muerto –que también–, sino porque mi maltrecho cerebro, pese a lo mal que lo trato últimamente, robándole horas de descanso, sigue funcionando.

En cualquier caso, sigo sin saber por qué el párrafo está redactado de esa forma. Si acaso el autor del libro pensaba que –dada su avanzada edad– la muerte de Carrillo está más próxima que la de otros protagonistas del libro –aunque al hablar de Adolfo Suárez no usa el pretérito perfecto– o si, por el contrario, soy yo el único que entendió el texto con ese sentido.

Tras esta extraña turbación, sólo me queda clara una cosa: en las futuras ediciones del libro, una vez Carrillo haya fallecido, no será necesario modificar ese párrafo. La obra seguirá estando al día.

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4 comentarios leave one →
  1. teniente d'hubert permalink
    Miércoles, 3 marzo 2010 8:22 am

    O eso, o le pasó lo que a Castro, que murió ya y lo ha sustituido un doble… XD

  2. eowyn permalink
    Miércoles, 3 marzo 2010 9:25 am

    ALGUIEN VE FANTASMAS DONDE NO LOS HAY!!!! 😉

    …y Teniente… CASTRO NO TIENE NINGÚN DOBLE! 😉

    Por cierto, esta es una de esas fechas en el que todo el país recuerda lo q estaba haciendo ese 23F del 81…

  3. Miércoles, 3 marzo 2010 7:35 pm

    @Eowyn, precisamente yo no recuerdo lo que hacía ese día, aunque, con tres años recién cumplidos, lo raro es que lo recordara. En cualquier caso, precisamente Cercas habla de la mitificación de los recuerdos de ese día en el prólogo de la obra (último párrafo de la página 2 del pdf y primero de la 3 [Vía: El País]).

  4. antonio martin permalink
    Sábado, 21 abril 2012 2:10 pm

    Desde Fuerteventura piden el cuero de carrillo para jarearlo y ponerlo a secar en la montaña de tindaya

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