Profeta en su tierra
Muy pocas personas tienen la suerte de poder presumir de ser profetas en su tierra. Anoche, el cantante Quevedo ofrecía un concierto en el Estadio de Gran Canaria ante 41.000 personas. Una de las actuaciones más multitudinarias que ha acogido el recinto de Siete Palmas en sus algo más de veinte años de historia y, me atrevería a afirmar, que la que más público ha congregado por parte de un artista de las Islas.
Alcanzar estas cifras está al alcance no ya de muy pocos artistas canarios, sino de talla internacional. Por eso, para Quevedo, que aunque nacido en Madrid se ha criado en la Isla y se considera –es– un grancanario más–, recibir una respuesta como esta cada vez que actúa en casa es un auténtico regalo. Y por eso sus espectáculos en la Isla son los más emotivos y emocionantes de unas giras que lo llevan ya a llenar grandes recintos no solo en España, sino también en América.
Su música te podrá gustar más o menos, podrás considerar que canta mejor o peor, o que sus letras son más o menos profundas o de mejor o peor gusto. Incluso que deba todo su éxito posterior a la fama que le dio su archiconocida colaboración con Bizarrap, cuando en realidad fue únicamente una puerta de entrada y mantenerse una vez pasado el bum es mérito suyo. Pero lo cierto es que, estando ya asentado en lo más alto, Quevedo –como han hecho otros tantos– podría haberse olvidado de sus raíces. Sin embargo, no ha sido así.
Porque Gran Canaria no solo sigue estando presente en muchas de sus canciones, sino que va haciendo gala de su grancanariedad por el mundo, ya sea saliendo al escenario con la camiseta de la Unión Deportiva o reivindicando su origen en entrevistas e intervenciones públicas. Por eso –como lo fueron los anteriores; uno de ellos con entradas al simbólico precio de un euro–, el concierto de ayer era especial, tanto para el público grancanario como para el propio artista.
Un concierto en el que contó con la participación de artistas locales y de proyección nacional e internacional como La Pantera, Maikel Delacalle o Lola Índigo. Pero, sin duda, la mayor sorpresa de la noche fue ver subir al escenario al grupo Los Gofiones, con los que interpretó dos temas emblemáticos de la formación folclórica –Gran Canaria y Somos costeros– para que la marea amarilla que inundaba el Estadio de Gran Canaria cayera rendida a sus pies.
La música de Quevedo, sus letras, incluso su propia figura, te pueden gustar más o menos. Pero de lo que no hay duda es de que está llevando su carrera con mucha inteligencia. Y gestos como el de anoche lo demuestran. La música urbana no está reñida con las tradiciones. Y tampoco ha venido para borrarla hasta hacerla desaparecer. Y ver cómo 41.000 almas cuya media de edad, casi con total probabilidad, sea inferior a la mitad de la mía, corean a todo pulmón los primeros acordes de Gran Canaria –que, ojo, no es una de la más conocida del folclore canario– no sólo demuestra esa realidad, sino que deja en evidencia la vacuidad muchas de las críticas que ha recibido el joven artista grancanario.
Que, además, al escuchar esa comunión entre tradición, modernidad y el público se te ponga la carne de gallina no hace falta ni señalarlo.
Quevedo y Los Gofiones, Gran Canaria, Concierto en el Estadio de Gran Canaria 24/05/2025.

