AQMA: La vida es un carnaval (o de cuando, sin pensarlo, acabamos en un concierto de Celia Cruz)

Tengo que confesar que el texto que traigo hoy es un poco tramposo, ya que ni se dedica a la canción que le da título, ni el recuerdo que lo inspira pertenece a la década de los 80, aunque eso sí, lo protagoniza la cantante cubana Celia Cruz, que, eso sí, ya en 1987 había hecho historia en los Carnavales de Santa Cruz de Tenerife con un multitudinario concierto que se coló en el Libro Guinness de los Récords al reunir a más de 250.000 personas en la plaza de España de la capital chicharrera.
Sin embargo, para encontrar el recuerdo que hoy nos trae a esta bitácora tenemos que trasladarnos hasta mitad de los años 90, muy posiblemente hasta 1996 –aunque he sido incapaz de encontrar el año exacto entre las escasas referencias al acontecimiento–, y, en lo que al espacio físico respecta, hasta el aparcamiento exterior del Centro Comercial La Ballena de Las Palmas de Gran Canaria, que había abierto sus puertas a finales de 1993.
Una tarde de sábado, en época de carnavales –si la memoria no me falla–, salimos a comprar y acabamos en La Ballena donde, para nuestra sorpresa, ese día actuaba Celia Cruz en la explanada del aparcamiento al aire libre del centro comercial. Un escenario en el que la cubana hacía gala de todo el carisma que la había convertido en la reina de la salsa. De la tarde recuerdo, sobre todo, a mi hermano pequeño quejándose, y la que se formó cuando cantaba uno de sus muchos grandes éxitos: Bemba colorá.
En esa canción, interpretada en la recta final de sus espectáculos y como se ve al final del vídeo que acompaña a esta entrada, Celia Cruz aprovechaba para pedir al público que no olvidaran su nombre y entablaba un diálogo con él, preguntando una y otra vez «¿cómo me llamo?» o «¿y cuál es mi nombre?», a lo que la multitud respondía una y otra vez «¡Celia Cruz!», con la entonación de bemba colorá. Fue al acabar esa canción –siempre si la memoria, que es muy traicionera no me falla– cuando el público comenzó a entonar el clásico «¡Pío pío!» al que los músicos respondieron rápidamente con palmas y percusión.
Tras varios minutos con el público cantando y los músicos respondiendo, la cantante, visiblemente desconcertada con la reacción –«frío, frío» dijo en varias ocasiones–, aunque sin perder la sonrisa en ningún momento, pero en vista de que aquello se alargaba sin signos de que fuera a parar en el corto plazo, decidió cortar por lo sano con un «a ustedes que no les gusta», dirigiéndose al público, «y ellos, que con poco van», riñendo entre risas a sus músicos, «podemos quedarnos aquí hasta mañana». Así dio por finalizado aquel momento mágico y pasó a otra canción, coreada a todo pulmón por la multitud que abarrotaba el aparcamiento del centro comercial.
Nunca sabremos si la situación fue un halago para ella o, al llegar a los camerinos, riñó a sus músicos por rendirse al canto del público, aunque sobre el escenario solventó la situación con buen humor y sin perder la sonrisa. Porque así era la reina de la salsa por antonomasia, a quien, sin pensarlo y por la más pura casualidad, tuvimos la suerte de disfrutar en directo un día cualquiera de los años 90 en el que salimos a comprar.
Celia Cruz, Bemba Colorá, 1984 (actuación de 1999).
Por cierto, por si alguien se queda con la duda, les cuento que La vida es un carnaval, escrita por el compositor argentino Víctor Daniel e inspirada en una trágica historia real, fue publicada en 1998.
[La fotografía del Centro Comercial La Ballena en los años 90 la encontré en el grupo Fotos antiguas de Canarias de Facebook]

