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Relámpagos, rayos y truenos

Lunes, 21 mayo 2007

Ayer por la tarde una fortísima tromba de agua azotó gran parte de la Comunidad de Madrid. En poco más de una hora se recibieron casi cuatrocientas llamadas en los servicios de emergencia y los bomberos tuvieron que realizar ciento once salidas, sobre todo para achicar agua.

Por poquito no me cogió en la calle. Cuando volvía a casa unos nubarrones negros comenzaban a arremolinarse en el cielo y, al llegar al portal, gruesas gotas comenzaban, tímidamente aún, a caer. A los diez minutos, desde la ventana, veía caer una verdadera cortina de agua, acompañada de viento y el ruido de los truenos. Los relámpagos sólo se intuían, porque el agua no dejaba verlos.

Si en esa plana ciudad de Las Palmas de Gran Canaria hubiese caído lo que aquí en tres horas, más de uno habría salido de casa nadando. En Santa Cruz, con sus cuestas infernales, otros tantos habrían acabado agarrados de la punta del “cuerno” del Auditorio de Calatrava.

Durante el día, hoy el tiempo ha estado raro. Más fresco, lo que siempre se agradece. Sin embargo, apenas ha llovido. Ahora, aquí, no llueve. De hecho, el cielo no acaba de cubrirse. Sin embargo, hacia el oeste los relámpagos hacen resplandecer las nubes a intervalos más o menos regulares. La tormenta debe estar lejos, porque apenas se perciben los truenos. Pero los rayos sí.

Esas líneas de azul eléctrico que surcan el cielo, partiéndolo de lado a lado, siempre han ejercido una poderosa atracción sobre mi. Miro a través de los cristales de la terraza, embobado, como  bajan hacia la tierra a la velocidad de la luz. No puedo evitar recordar ver un festival de rayos cayendo sobre La Isleta, mientras iba a trabajar, en una de las escasas tormentas que solemos tener por la Isla. Aquí, me dicen, en esta época son el pan nuestro de cada día.

Un escalofrío me recorre la espalda al pensar que el espectáculo de los rayos siempre ha llamado poderosamente mi atención. No sé por qué, se me ocurre relacionarlo con mi tendencia a acumular electricidad estática. De repente, ya no me parece un espectáculo tan evocador. Afuera, siguen cayendo, atraídos fatalmente hacia la tierra.

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3 comentarios leave one →
  1. Elisabet permalink
    Jueves, 24 mayo 2007 12:31 pm

    ¡ Qué miedo! Y sigue lloviendo…
    Con lo rica que debe estar la playa, menos mal que hay más humedad que hace unos días y se respira mejor.
    Un saludo

  2. Jueves, 9 agosto 2007 2:45 am

    hijos de perros

  3. Jueves, 9 agosto 2007 10:18 am

    ¿Perdón?

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