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De propaganda y grandes secretos

Domingo, 20 mayo 2007
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Dos veces he pasado ya por el Círculo de Bellas Artes para ver la interesantísima exposición Posguerra. Publicidad y Propaganda [1939-1959] y no descarto hacerlo una tercera, antes del próximo 23, que es cuando se clausura.

Publicidad y Propaganda. Digestina

La exposición muestra, a través de más de 200 carteles, portadas de revistas y anuncios de prensa cómo la publicidad se convirtió en una aliada del franquismo, sobre todo en sus primeros años, exaltando los símbolos patrióticos del Régimen que nacía.

Con el transcurso del tiempo, la publicidad sin alejarse del todo de esa función propagandística, va reflejando la evolución de la política desarrollada por Franco. Así, abarca desde las campañas en las que el mayor reclamo era el de producto español, en la década de los cuarenta, hasta promocionar lo llegado de América como sinónimo de garantía segura, a finales de los cincuenta, coincidiendo con el fin de la autarquía económica.

Pero también refleja el cambio que se produce en la sociedad de la posguerra. En los primeros años la publicidad se centra en campañas destinadas a promover el consumo de productos, sobre todo alimenticios, que reduzcan la alta tasa de mortandad infantil, mientras que tan solo unos años después el abanico de la oferta publicitaria se ha ampliado mucho.

No puedo resistirme a comentar el caso de las pastillas antiácido “Digestinas”, gracias a las cuales, abusar del alcohol o cualquier alimento no será un problema para el estómago. Debían funcionar, porque la primera vez que visité la exposición mi madre me dijo que su abuela solía tomarlas. Venían en una lata verde, como la de la foto, envueltas en un papel, como un caramelo y, creía recordar, sabían a limón. Las guardaba en la mesilla de noche de su alcoba. Una vez una de mis tías cogió la caja y se la tomó casi entera. Cuando hable con ella tengo que preguntarle se suele tener acidez de estómago.

Ya por la tarde, se representaba una obra de teatro de Els Comediants en el Auditorio de la Universidad Carlos III. El viernes conseguí un par de invitaciones. Me había llamado la atención porque se anunciaba de una forma un tanto extraña:

“Un telón que, según parece, no marcha del todo bien. Detrás de él, una gran pared que esconde un misterio. ¿Quién se encargará de descubrírnoslo?”

Ese es el comienzo de El gran secreto que, de la mano de un autor teatral, dos acomodadores y dos técnicos del teatro, va a ser desvelado a lo largo de la obra. Ese secreto no es otra cosa que las distintas visiones del amor que ha tenido el teatro a lo largo de la historia y que nos interpretan estos cinco personajes en nueve escenas diferentes. Así, con grandes dosis de humor nos llevan desde la Grecia Clásica hasta el teatro actual, pasando por un sainete, los musicales o los sórdidos ambientes del teatro del naturalismo, para descubrir que, quizá, la visión del amor que nos ofrece el teatro puede ser más que la propia forma en que nosotros, a lo largo de la historia, lo hemos vivido.

Fue una sorpresa muy agradable y divertida. Desconozco el itinerario que sigue la gira, pero, en caso de que recaiga cerca de donde uno se encuentre, acudir a verla es un acto más que recomendable. Como cualquier otra obra de teatro, por otro lado. Con las exposiciones suele ocurrir lo mismo.

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