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Un círculo cerrado

miércoles, 6 febrero 2008

Cuando, hace unos cinco años, decidí leer la novela de George Orwell 1984, no sabía que estaba iniciando un recorrido literario que se prolongaría hasta hoy, el día en el que concluí la lectura de Un mundo feliz. Como una línea que vuelve al punto de partida, formando un círculo perfecto, engancho dos obras muy diferentes, pero que me dejan el mismo regusto amargo.

Entre esas dos fechas, se situaron las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, Fahrenheit 451, también de Bradbury, y, de nuevo Orwell, con Animal Farm, versión original de la Rebelión en la granja.

Tras pasar más de un mes encima de la mesa, la novela de Aldous Huxley ha sucumbido en apenas tres días, en parte porque he tenido más tiempo libre, en parte por su amena lectura y, sobre todo, por lo apasionante de la historia. Un mundo feliz conjuga un poco de todas las obras que han compuesto esta senda literaria por las sociedades futuras.

Al igual que Rebelión en la granja, aunque ésta era una feroz crítica al comunismo, propone una sociedad en la que sus miembros desempeñan unos roles perfectamente definidos e incuestionados, bajo pena de ser expulsados de la misma. En Rebelión en la granja eran los cerdos los que tiranizaban a sus camaradas y en Un mundo feliz son los procesos de decantación y condicionamiento los que aseguran el cumplimiento de esos papeles.

Como en la recopilación de cuentos que forma Crónicas Marcianas, Un mundo feliz también supone la imposición de una nueva civilización sobre la existente. Los terrícolas sobre los marcianos en un caso y los Alfas, Betas, Deltas, Gammas y Epsilones sobre la civilización que hoy conocemos, reducida a una patética caricatura formada por la mezcla de distintos ritos, adulterados y perpetuados por los indios que sobreviven en las reservas.

Al igual que en la sociedad de Fahrenheit 451, no se permite pensar libremente, porque el pensamiento es peligroso. Si en una se prohibían -y quemaban- los libros, en la otra ya no queda ninguno que no esté destinado a reforzar el condicionamiento hipnopédico al que han sido sometidos los miembros de las distintas castas.

Sin embargo, es 1984 la obra con la que más similitudes y diferencias se me antoja observar. Ambas se sitúan en la Tierra donde, tras una serie de conflictos, ha desaparecido la sociedad tal y como la conocemos. En ambas funciona un régimen de férreo control social, ya sea a través de unas pantallas que no sólo permiten ver, sino ser vistos y oídos, o mediante la ingeniería genética y el condicionamiento pavloviano.

En 1984, la estabilidad social en cada una de las tres potencias que forman el planeta se resuelve con una constante economía de guerra -y da igual quién esté en guerra con quién; sólo importa que haya una guerra que justifique los fines del gobierno del Gran Hermano y, en definitiva, la sociedad-, mientras que en Un mundo feliz, es la selección genética y el condicionamiento a que se someten todas las personas durante su producción, decantación y crecimiento, así como su orientación al consumo masivo y las diversiones superfluas, lo que hace que nadie se pueda cuestionar el orden social establecido.

En un caso, nadie actúa contra el Gran Hermano, porque será detectado casi desde que piense en atacar la sociedad en la que vive. En el otro, nadie lo hará, simplemente porque no son libres de pensar; no han sido preparados para pensar libremente, sino para actuar con un mecanismo de acción-reacción determinado a los estímulos que puedan recibir del mundo exterior. Son felices en su limitado conocimiento de una parte de la realidad porque su existencia es simple.

Cada casta tiene definidos sus rasgos y su función desde antes de nacer y no conciben hacer otra cosa que no sea esa durante toda su vida. En eso consiste su felicidad en un mundo en el que todos son felices por mandato de Ford.

De ahí que la llegada del Salvaje trastoque la percepción de unos personajes que no están preparados para entender lo que éste representa en su mundo, más allá de ser una atracción de feria. De la misma forma, el Salvaje tampoco es capaz de adaptarse a un mundo en el que ser feliz consiste en trabajar, consumir y gozar una y otra vez, sin cuestionarse nada de lo que ocurre -y por qué ocurre- a su alrededor.

En ese sentido, los habitantes de Un mundo feliz, son los más infelices de todos. Su propia naturaleza inducida les impide ser conscientes de esa realidad.

Quizás la esencia de ese mundo feliz no está tan lejos de nosotros como parece.

6 comentarios leave one →
  1. Marta permalink
    jueves, 7 febrero 2008 8:48 am

    Bien mirado ya se han dado a lo largo de la historia de la humanidad algunas ocasiones en las que por diferentes motivos las sociedades se han dejado arrastrar literalmente por una “cabeza pensante”, y en cada uno de estos casos, han terminado en parte con su propia existencia, física y moral. Especialmente en épocas de necesidad. La falta de iniciativa propia en los individuos de una sociedad es posiblemente una de las carencias más demodeloras de la misma. Quién no se plantea nunca nada y lo da todo por establecido, por seguro, tiene a mi juicio casi todo perdido. Me ha gustado mucho este post, gracias. La última frase es cierta y estoy contigo. Por mi parte estoy leyendo “El corazón helado” de Almudena Grandes, un troncho de novela formidable.Saludos

  2. teniente d'hubert permalink
    jueves, 7 febrero 2008 9:24 am

    No he leído UN MUNDO FELIZ, pero sí recuerdo una película con la que guarda algún ” parecido razonable ” : GATTACA, muy recomendable, por cierto.
    http://www.monografias.com/trabajos16/gattaca/gattaca.shtml#NOHAY
    Una curiosidad, ” Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde ” .

  3. jueves, 7 febrero 2008 1:07 pm

    D’hubert, no he visto Gattaca, así que no puedo corroborarte el parecido. En cuanto a la anécdota de Fahrenheit 451, la novela se titula así por eso mismo. El protagonista es un bombero. En el mundo que plantea la obra de Bradbury, los bomberos son una brigada que se dedica a buscar libros, prohibidos en esa sociedad y quemarlos. El papel arde a 451º Fahrenheit. De ahí el título.

    Marta, El corazón helado también está entre mis pendientes, aunque aún no me la he comprado, porque, entre otras cosas, todavía tengo muchos libros esperando. Por cierto, que según tengo entendido, mi ciudad, Arucas, aparece por el libro. En cualquier caso, una triste aparición. Saludos.

  4. Marta permalink
    jueves, 7 febrero 2008 2:53 pm

    Efectivamente Arucas sale en el libro. Voy por algo más de la mitad…anímate y leela.Saludos

  5. Millaquito permalink
    jueves, 7 febrero 2008 7:21 pm

    ¿Por qué es triste la aparición de Arucas? ¿Tiene que ver con los pozos?

  6. jueves, 7 febrero 2008 7:40 pm

    Po zí! 😦

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