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Santander, Día 1

lunes, 7 julio 2008

Cansado, llego, al fin, al final de este primer día de trabajo en Santander. No es que no haya tenido ni un minuto de tranquilidad, sino que las cosas han ido sucediendo sigilosas a lo largo de un día de adaptación al nuevo entorno. Pero vayamos por partes, porque antes de hablar de hoy, hay que cerrar la jornada dominical. El día cero.

Ayer, después de actualizar la última entrada con mis primeras impresiones sobre la llegada a esta ciudad cántabra, me fui a dar una vuelta por la otra cara de la Península de la Magdalena, donde encontré la réplica de tres galeones y una balsa que el marino cántabro Vital Alsar utilizó en varias de sus expediciones. Sin embargo, no fueron estas embarcaciones las que llamaron mi atención. Ni el mascarón, en forma de sirena, de la Santa María, sino las tres piscinas que encontré algo más abajo, en las que focas y pingüinos nadaban, cada uno en la suya, y hacían monerías para deleite de niños y mayores.

La primera noche, sin embargo, no iba a acabar sin ofrecerme una curiosa sorpresa que ratifica por enésima vez la teoría que dice que el mundo es un pañuelo. Resulta que, a la hora de la cena, al entrar al comedor mientras busco una mesa en la que acomodarme, me encuentro de frente con Chema, un compañero al que conocí en el curso -y los viajes- del Instituto de Estudios Estratégicos y que esta semana asiste a un seminario sobre Misiones Internacionales de las Fuerzas Armadas, junto a Isabel, otra compañera del curso a la que nos encontramos esta mañana a la hora del desayuno.

La jornada de hoy ha transcurrido entre la acreditación de prensa, presentaciones a los compañeros de la delegación de Santander, conocer las instalaciones del Palacio, la cabina de la Agencia, una rueda de prensa de la delegada del Plan Nacional sobre Drogas, un encuentro con José Luis Borau, asistir a algunas sesiones, como parte de la inauguración del curso sobre Francisco Umbral, sol, aire puro y un paseo por la avenida del Sardinero después de cenar.

Para mañana, de momento, tengo un encuentro con el escritor César Aira, que impartirá un taller de escritura. Además, me soplan que el miércoles actuará, justo al lado de donde me alojo, Diego el Cigala y, entremedias, está la fiesta de los martes en el patio de las Caballerizas.

En resumen, que no puedo -ni debo, ni quiero- quejarme.

One Comment leave one →
  1. Marta permalink
    martes, 8 julio 2008 9:54 am

    Joer como vives Ruymán.Los dientes me llegan al teclado!!! Saludos

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