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Santander, Días 2 a 4: Un largo paseo, el Cigala y el Tiburón

jueves, 10 julio 2008

Durante los dos últimos días no he tenido tiempo de sentarme delante de un ordenador para cualquier cosa que no fuese escribir una noticia inmediatamente después de salir de una rueda de prensa o un encuentro informativo.

La actividad en la Universidad, tal y como me habían advertido, está resultando frenética. Cada día estoy teniendo que asistir a una media de tres actos distintos, lo que supone tener que escribir, al menos, tres informaciones diferentes sobre temas que, en la mayor parte de los casos, están resultando bastante interesantes, aunque, también, bastante intensos.

A pesar de que hoy tuve que asistir a tres ruedas de prensa entre las diez y media de la mañana y las cuatro de la tarde, de las que salieron cuatro noticias diferentes, con una mínima pausa para la comida, logré acabar la jornada antes de las seis. Después de tres días pegado a la pantalla de un ordenador necesitaba hacer algo de ejercicio, así que, en lugar de irme a la playa, aproveché una cálida y soleada tarde para dar un largo paseo.

Hacia las siete y media de la tarde salí de la Magdalena, casi por primera vez desde el domingo, para establecer una primera toma de contacto con la ciudad de Santander. Andando, llegué hasta el Paseo de Pereda, donde me tomé un helado, mientras me acercaba hasta la plaza del Ayuntamiento, dejándome callejear por las manzanas adyacentes.

En una de ellas, me encontré con la Catedral, un edificio un tanto extraño. Enclavado en una especie de cerro, el templo, de estilo románico, es fruto de distintas reconstrucciones y adiciones al edificio original. O, al menos, eso dice uno de los carteles informativos que hay al lado de una de las fachadas. Otro de ellos indica que puede visitarse de forma gratuita y guiada. Supongo que durante el fin de semana habrá que aprovechar para disfrutar de una oportunidad un tanto inusual en la España en la que vivimos.

Por lo que respecta a los días anteriores, anoche -como ya había adelantado- tuvimos la oportunidad de asistir a un concierto de Diego el Cigala, que tuvo lugar en la explanada junto al Paraninfo de la Magdalena, que se encuentra justo delante de las Caballerizas, de forma que la entrada al patio daba acceso al escenario.

Fue un concierto corto, pero intenso, en el que la climatología acompañó maravillosamente. El Cigala repasó algunas de las versiones que le han hecho famoso y, rápidamente, se metió al público en el bolsillo, aunque quizá un poco más al que lo veía de pie, en la explanada y en la calle, que al que hacía lo propio, algo más atrás, sentado en el césped, a través de las dos pantallas gigantes.

Tengo que confesar que no soy un gran seguidor del flamenco en general y de El Cigala en particular, pero, aún así, asistir a la interpretación del único bis de la noche en primerísimo fila pone los pelos de punta a cualquiera. Claro que Lágrimas negras es una canción que siempre me ha gustado especialmente.

Además, uno no siempre tiene la oportunidad de felicitar al artista al cruzarse con él en el pasillo camino de su habitación. Supongo que son las ventajas de alojarse justo al lado de los improvisados camerinos.

El martes, fue el día -o, mejor dicho, la noche- de la Fiesta en Caballerizas, que tiene lugar entre las diez y la una. A ese horario tan raro hay que sumar la incoherencia de estilos, ya que tan pronto sonaba algún tema electrónico cuyo estilo soy incapaz de identificar, como algún éxito del pop de los ochenta o, para el estupor general, El Tiburón, una canción que me recordó que los años no pasan en balde, al transportarme, de nuevo, a una adolescencia repleta de Mama Chichos.

Sin embargo, eso no pareció importar mucho al grupo de italianos, que ocupan las cuatro habitaciones que están en el otro extremo de mi pasillo, aunque la mayor parte de las veces parece que están en la mía, y que estaban usando las sillas del patio como plataformas improvisadas para su baile y que, a la una y cuarto, salían con gran escándalo del recito, supongo que en busca de un lugar donde seguir con la fiesta.

Esta noche he quedado para cenar con algunas compañeras de otros medios. Me voy antes de que lleguen los italianos.

El Cigala en un momento de su actuación en la UIMP.

3 comentarios leave one →
  1. teniente d'hubert permalink
    viernes, 11 julio 2008 8:54 am

    Bueno, bueno, bueno… Ya veo que estás exprimiendo cada minuto a tope. ¡Que lo disfrutes!

  2. Marta permalink
    viernes, 11 julio 2008 11:32 am

    Joooooo Ruymán! que me pongo mala.Jeje pero todo llega y el domingo 20 me toca a mi.Espero poder ir a la playa, vuelta y vuelta ya sabes.Estuviste en las Hijas de Flo?La catedral no tiene ningún mérito. Santander se ha quemado dos veces. Una por el Cabo Machichaco, barco que explotó en el muelle cargado de dinamita hacia América y por el Viento Sur, que nos trae de cabeza en Santander. A los dos acontecimientos les han dedicado sendas esculturas que encontrarás alrededor del hotel bahía, cerca de la catedral( por detrás).Saludos!

  3. eowyn permalink
    lunes, 14 julio 2008 10:06 am

    ¿trabajo?… hummm……
    ¡Disfruta!

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