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El dilema de los nombres propios

Jueves, 9 julio 2009

Ordenando un cajón en el que guardo algunos papeles viejos, ayer encontré unas notas sobre una historia que comencé a escribir hace algo más de diez años. Apenas eran dos párrafos que, convenientemente retocados, muy bien podrían constituir un microrrelato bastante decente y las líneas generales de un argumento sugerido por esos párrafos. Junto a ellos, también había empezado a definir los principales personajes de la trama.

Se me ocurrió que, aparte de convertir esos párrafos en un microrrelato, podría aprovechar una buena parte del argumento y algunos de los personajes para escribir un relato que, con algo de suerte, podría llegar a alcanzar la extensión de una novela corta. Sin embargo, al repasar las fichas de los protagonistas me encontré con un dilema nada fácil de resolver.

Cuando escribo una historia me resulta un tanto difícil bautizar a los personajes, influenciado quizá por la teoría de que los nombres imprimen carácter. Por ello –y tal vez de forma inconsciente–, los personajes de la mayoría de mis cuentos no tienen nombre. Y, también por ello, he tardado más de una semana en decidir en nombre del protagonista del cuento que escribo en estos días.

En la época en que empecé a rumiar ese argumento, que luego ha pasado cerca de una década durmiendo el sueño de los justos, olvidado en un cajón, hacía poco tiempo que había leído una novela de Isabel Allende, que me había dejado un tanto conmocionado, por su alto contenido autobiográfico: Paula.

Así que, en el momento que empecé a imaginar a una de las protagonistas de esa historia, supe que tenía que llamarse así: Paula. Sin embargo, esa decisión, tomada años atrás, hoy representa un pequeño dilema para mí, ya que tanto tiempo después resulta que tengo un par de conocidas y una buena amiga que se llaman Paula.

No puedo evitar preguntarme si debo mantener el nombre del personaje tal y como lo imaginé o cambiarlo por otro para evitar que alguien pueda sacar conclusiones erróneas, puesto que muchas personas opinan que la ficción, pese a ser eso, ficción, siempre esconde algo de la realidad del autor. Algo así como que el autor inventa la realidad que le gustaría, pero que no es. Esta afirmación, que en algunas ocasiones puede ser cierta, resulta no serlo la mayor parte de las veces.

En este caso, el problema está en que ese personaje nació como Paula y, aunque a grandes rasgos, tomó forma como Paula, por lo que ya no me lo imagino con otro nombre. Sería como empezar a llamar Antonio a alguien que siempre ha sido Juan. Y, aunque explique a quienes puedan sentirse aludidas que la elección de ese nombre nada tiene que ver con ellas, siempre habrá quien, siguiendo la teoría que antes señalaba, ya sea por ignorancia o con ánimo de molestar, pueda pensar lo contrario y dedicarse a extender toda clase de rumores con sus comentarios.

Después de mucho meditarlo, he llegado a la conclusión de que si el personaje nació como Paula, tiene que llamarse así o, en caso contrario, desaparecer de la historia. Pero ahí surge otro problema: este personaje es imprescindible para la historia que pretendo contar. Además, si le cambiase el nombre y pasara a llamarla Eva, por ejemplo, tendría el mismo problema: tengo otras dos buenas amigas que se llaman así.

Por tanto, en este y en otros casos, me arriesgaré a soportar los posibles malentendidos y usaré el nombre que la personalidad del personaje me sugiera, aunque, por mera casualidad, coincidan con los de algunas de mis amistades.

Sé que otra posible solución sería reducir mi lista de conocidos, pero se me antoja que se traduciría en una vida mucho más triste de la que tengo ahora. Y, francamente, no me apetece.

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9 comentarios leave one →
  1. teniente d´hubert permalink
    Jueves, 9 julio 2009 10:38 pm

    En el caso de Eowyn, me imagino que no le importará. A mí tampoco, la verdad. Aunque vete pensando un relato en el que intervenga algún Armand…

  2. eva permalink
    Viernes, 10 julio 2009 12:04 am

    Si un amigo bautizase a una de sus criaturas literarias con mi nombre me sentiría honrada si es porque yo le inspiro algo -también cuenta lo malo, que para eso somos humanos- y contenta si la elección es arbitraria pero coincide con el mío. Es cierto que tendemos a vincular e identificar comportamientos y fobias o filias con el nombre cuando ya conocemos a alguien que lo lleva, pero ¿no es también cierto que dos personas que se llaman igual casi siempre son muy distintas?

  3. eowyn permalink
    Viernes, 10 julio 2009 11:35 am

    No creo que ninguna persona se tenga que sentir identificada con el personaje de una novela, seri de tv, noticia… sólo por compartir el nombre, más bien te identificas por otro tipo de cualidades ligadas más a la personalidad… aunque claro, yo no me llamo Paula… 😉

  4. Millaquito permalink
    Viernes, 10 julio 2009 12:00 pm

    Ese problema es parecido al que tienen muchos profesores, que cuando tienen un hijo empiezan a relacionar posibles nombres con alumnos. El dilema es doble si los dos miembros de la pareja trabajan con niños, sobre todo porque los que suelen dejar huella son los más cafres.
    En todo caso, si quieres bautizar un personaje como Millaquito por mí puedes, jeje.

  5. Viernes, 10 julio 2009 12:39 pm

    Me he sentido identificado con este post, porque también me entran estas paranoias. Y lo peor viene cuando tus amigos saben que eres bastante autobiográfico escribiendo. Llega un día en que no lo eres, que te inventas todo, y los amigos toman a los personajes y les buscan parecidos y correspondencias con personas reales. En definitiva, que por unas cosas u otras, uno siempre está pillado con lo que escribe.

  6. eowyn permalink
    Viernes, 10 julio 2009 5:26 pm

    Millaquito, podríamos acabar escribiendo sobre cómo nuestros padres han elegido nuestros nombres o pq nosotros hemos elegido estos nicks… jaja

  7. teniente d'hubert permalink
    Viernes, 10 julio 2009 5:29 pm

    Hombre, yo creo que para usar lo de “Millaquito” habría que pedir permiso a JSP 😀

  8. Viernes, 10 julio 2009 6:37 pm

    Gracias a todos por la comprensión. Guardaré estos mensajes como oro en paño y, llegado el momento, los recordaré a quienes súbitamente hayan cambiado de opinión cuando comprueben lo que son capaces de hacer sus álter ego. 😉

    @Juan Pedro, reconforta saber que no se está solo en algo.

    @D’Hubert, justamente Armando estuvo entre los nombres que barajé para el protagonista del cuento que estoy escribiendo, pero al final no fue el elegido. En cuanto a la polémica del uso de Millaquito, como (de moento) no pienso usarlo, no voy a entrar en ella. 😀

  9. Sábado, 11 julio 2009 10:27 pm

    Hola me llamo Javier de León y dirijo la web La isla tuerta (laislatuerta.com), una página de contenido variado en tono distendido, crítico e irónico. Intentamos hacer una unión de gente que tengan ganas de contar algo distinto y con estilo propio.

    He visto tu blog, me ha gustado mucho y quería proponerte que escribieras para la isla tuerta como artículos, relatos, críticas de cine, televisión, música o literatura (estamos abiertos a propuestas), puedes entrar en el apartado colabora de la web y ver como trabajamos.

    Ahora en Agosto cambiaremos y daremos el salto a una web mucho más completa, queremos tener gente que tenga cosas que contar en cada parte del mundo, como tú.

    Estaríamos encantados en poder contar contigo.

    Si tienes cualquier duda escríbeme.

    Un saludo.

    Javier de León
    Director de La Isla Tuerta.
    http://www.laislatuerta.com

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