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Reventado, o 23 horas en Sevilla

Sábado, 10 julio 2010

Hay profesiones que te dan la oportunidad de –con mayor o menor frecuencia– viajar por distintos puntos del país e, incluso, del mundo. Sin embargo, lo normal es que se trate de estancias más o menos cortas en las que el trabajo absorbe la mayor parte del tiempo y, además de no poder ver prácticamente nada del lugar que visitas, acabas reventado. A grandes rasgos, este párrafo resume las poco más de 23 horas que entre los pasados miércoles y jueves pasé en la ciudad de Sevilla.

Invitado por Vodafone a asistir a una rueda de prensa que, inicialmente, iba a tener lugar el jueves por la mañana en la capital hispalense, la tarde anterior tomamos un Ave –en el que nos unimos a otro grupo de periodistas que acudían al mismo evento de la mano de Microsoft– que nos dejó en Sevilla con el tiempo justo de llegar al EME Catedral Hotel, donde habían reservado una sala para ver la semifinal del Mundial que esa noche enfrentaba a España con Alemania.

Según nos contaron al llegar, el hotel es uno de los más exclusivos de la ciudad, algo que su ubicación, justo al lado de la catedral y con unas vistas inmejorables a la Giralda, ratifica sin lugar a dudas. Construido sobre la base de alrededor de una decena de viviendas preexistentes –lo que lo dota de un aire algo laberíntico–, dispone de varias terrazas a distintos niveles, en las que hay desde un bar hasta una piscina.

Precisamente fue en una de esas terrazas-azoteas, donde, bajo una suave brisa y algunas gotas de lluvia que se dejaron caer durante un par de minutos en otras tantas ocasiones que refrescaban la más que cálida noche sevillana, degustamos una cena deliciosa, en la que el plato estrella fue un filete de atún memorable, aunque tampoco faltó un aperitivo en forma de gazpacho de fresa. No en vano, el restaurante del hotel está a cargo del equipo del prestigioso chef Martín Berasategui.

Pero antes de esa cena con vistas a la Giralda, disfrutamos del histórico partido en el que la selección española selló su pase a su primera final mundialista, en una habitación que, con pantalla gigante incluida, la dirección del hotel habilitó a tal efecto. A falta de vuvuzelas, las casi veinte personas que nos habíamos desplazado hasta Sevilla y las que se nos unieron allí, animamos al combinado de Del Bosque con las –también ruidosas– trompetillas que incluía –además de banderas, bufandas, globos o pinturas con los colores de la enseña nacional– el kit de prensa que repartió Microsoft antes del partido.

Después de la cena, paseamos desde el hotel hasta la ribera del Guadalquivir en una cálida noche en la que gran parte de la ciudad se había lanzado a la calle a celebrar el triunfo de la selección, para acabar, entrando en la madrugada, refrescándonos con la húmeda brisa que llegaba desde el río, mientras admirábamos la belleza de la Torre del Oro iluminada.

Por motivos de agenda, la rueda de prensa, que debía de haber sido a las once y media, se retrasó hasta casi las tres de la tarde, así que unos cuantos de los periodistas que habíamos ido desde Madrid aprovechamos la mañana para volver hasta la catedral y pasear por sus alrededores, acercarnos hasta los reales alcázares y callejear por el barrio de Santa Cruz. Por suerte, las nubes tapaban el sol a ratos, lo que, ayudado por un par de paradas en sendas terrazas, hizo bastante llevadero el paseo.

Un par de horas después de haber salido, regresamos al hotel –que estaba junto al estadio del Betis– donde nos preparamos para ir a la rueda de prensa, que se celebraba en un salón del Hotel Alfonso XIII, otro edificio histórico que merece la pena visitar. Cóctel, comparecencia ante los medios para presentar el proyecto, cafés, escribir unas líneas que enviar al periódico y corriendo para Santa Justa que el Ave no espera a nadie.

Tras esas intensas 23 horas y diez minutos en Sevilla, reventados, acabamos observando pasar el monótono paisaje tras la ventanilla del Ave, con ganas de llegar a casa y de que el viernes transcurriera lo más rápido posible para poder descansar.

A modo de propina, y para dar algo de envidia, he subido unas pocas fotos a este álbum de Flickr.

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