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Apártate que me tiznas

Jueves, 15 julio 2010

Ahora que, sin solución de continuidad, hemos pasado de celebrar el triunfo de la selección española al presunto debate sobre el presunto estado de la presunta nación; de la casi insólita unidad a la habitual división, mientras leo los reproches que esta tarde se dedicaban en el Congreso de los Diputados presidente del Gobierno y líder de la Oposición, más empeñados en hacer electoralismo barato que en debatir seriamente sobre los problemas reales del Estado, no puedo evitar sufrir un nuevo brote de hastío ante la política española.

Porque, salvo muy contadas excepciones –y cada vez son más difíciles de encontrar–, a medida que transcurre la legislatura, se acentúan las distancias entre uno y otro partido según las encuestas y se acercan las próximas citas electorales –Cataluña en otoño y Locales y Autonómicas en mayo de 2011–, los ya de por sí vacíos discursos de los políticos profesionales se vuelven cada vez más vacíos e hipócritas.

No sé si será porque piensan que los ciudadanos son estúpidos, no tienen memoria o, simplemente, es que les da igual lo que ocurra con el país con tal de alcanzar o mantenerse en el poder, o una suma de todos esos factores a la vez, prefieren insultarse a cuenta de la situación económica o la corrupción política, en lugar de preocuparse por tratar de solucionar los problemas, tarea que, al fin y al cabo, es para la que se les ha escogido.

En lugar de tratar de convencer al pueblo soberano con su trabajo y su valía, prefieren pasar el día delante de un micrófono y una cámara de televisión, soltando estupideces de nivel interplanetario y lanzándose acusaciones cruzadas; abusando del más que manido “y tú más” y dedicándose todo tipo de reproches varios en los que, si cambiásemos los nombres de los destinatarios de los mismos, miembros del partido contrario al de quien los pronuncia, por los de otros del propio partido del acusador, nada desentonaría.

O no se escuchan cuando hablan o no tienen vergüenza. O ambas cosas a la vez.

Por eso, últimamente, cada vez que escucho hablar a José Blanco, a Soraya Sáenz de Santamaría o a Dolores de Cospedal, pero, sobre todo, a Leire Pajín, no puedo dejar de pronunciar en voz alta una certera sentencia con la que no es posible estar más de acuerdo: «Dijo la sartén al cazo: “apártate que me tiznas”».

Y es que, por desgracia para nosotros, simples y sufridos ciudadanos de a pie, (casi) todos los políticos son iguales. Y, por supuesto, no nos los merecemos.

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