Nunca te rindas (o cuando Rick Astley sonó a todo volumen en el gimnasio)

Hace un par de meses, Ángel, mi entrenador –tener un entrenador personal es la única manera que he encontrado de obligarme a ir al gimnasio– apareció por el gimnasio con uno de esos aparatos extraños con los que tanto le gusta torturarnos. Resultó ser un arm blaster o aislador de bíceps (nunca te acostarás sin saber una cosa más), una especie de placa de metal que se cuelga del cuello sobre el torso, anclando los brazos a ambos lados del torso, lo que, dicen, permite aislar los bíceps de forma efectiva, optimizando su ejercicio y desarrollo. Este, como el de la foto de al lado, tiene grabada en el frontal la motivadora frase «Never give up –nunca te rindas–». Y si se criaron en los años 80 y en algún momento siguieron el proyecto original de Aquellos Maravillosos Años, ya se habrán imaginado qué canción vino automáticamente a mi cabeza cuando me tocó estrenar el infernal artilugio.
Lo grave –a la vez que inevitable–, llegó hace unas pocas semanas, cuando mientras sufría intentado levantar unos cuantos quilos de peso con los brazos sujetos en el aparato, una compañera me gritó «no te rindas». «¿Por qué le dices eso?», le preguntó su padre, usuario también del gimnasio. «Por lo que pone esa cosa: never give up». Una frase que, no me quedó más remedio que admitir en voz alta, me recuerda a una machacona canción de Rick Astley. Ángel y el padre se echaron a reír de inmediato, mientras ella –veintipocos añitos tiene– me miraba como si estuviera viendo un bicho raro.
Resulta que ni conocía a Rick Astley ni había escuchado nunca la canción. Lo primero puede ser hasta lógico, debido a su edad, pero lo segundo me extrañó algo más. Yo pensaba que cualquiera que anduviera por internet en las primeras décadas de este siglo –y ella, aunque fuera poco más que una niña, anduvo– habría acabado siendo rickrolleado al menos una vez en su vida. Pero no. En cualquier caso, tardó poco en escucharla, porque un par de minutos después, Ángel había sustituido la lista metalera que sonaba en aquel momento por el éxito del británico. Así, Rick Astley y su pegajoso Never gonna give you up acabó sonando a todo volumen en el gimnasio, mientras yo sufría intentando acabar mis series de curl de bíceps.
Y, aunque esta no sea la primera vez que ni la segunda vez que hablo del simpático pelirrojo británico y, de hecho, ya la primera vez había escrito sobre esta canción, no he podido –ni querido– resistirme a volver a hacerlo. Rickroleados de nuevo.
Rick Astley, Never gonna give you up, 1987.
[La fotografía del arm blaster la encontré en Aliexpress]

