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El reto del agua (con gas)

Sábado, 14 abril 2007
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Siempre me ha llamado la atención que El País, en la sección de Madrid de su edición en papel, inserte un gráfico en el que se muestran las reservas de agua embalsada de la comunidad, y compare ese dato con la situación del mismo día del año anterior. Desde hace tiempo muchas instituciones tratan de concienciar a la población sobre la necesidad de ahorrar agua.

Ahora mismo, sin ir más lejos, tengo entre las páginas del libro que estoy leyendo un marcador que debí coger hace meses en una de las bibliotecas de la Universidad Carlos III, institución, por cierto, muy implicada en el asunto. Está editado por el Canal de Isabel II, que viene a ser la Emalsa de esta comunidad mesetaria, y que nos propone un reto: reducir el consumo de agua. Lo que yo traduzco en evitar el derroche.

Porque detrás de todo está el derroche y el fantasma de las restricciones, de tener agua sólo unas pocas horas al día. No sé de qué se asustan. Tal vez será porque aquí no ha habido que agudizar el ingenio y llenar la meseta de pozos y la sierra de galerías. Ni hay mar que desalar.

Aquí, la gente no sabe qué es un aljibe ni hay bidones en las azoteas. En Canarias son tan habituales que la palabra uralita ha dejado de designar la marca para designar el material. Por ejemplo, hasta no hace muchos años, en algunas zonas de Arucas solamente había agua un día por semana. Y sólo por unas horas, casi siempre, de noche. En mi barrio tocaba los lunes. Era el día de poner tres o cuatro lavadoras, antes de que se fuera el agua. Como hasta que no se llenaban los bidones de la vecina, no entraba el agua en los de mi casa, muchas veces corríamos el riesgo de que no se llenasen. Si eso no son restricciones… Afortunadamente, ya tenemos desaladora y el abasto es casi continuo.

Además, dependiendo del pozo del que saliera, había dos tipos de agua, la buena y la ruin. Con la primera, se podía regar las plantas y, a veces, incluso hasta hacer de comer. Con la segunda, mejor no intentarlo. En Madrid, el agua que se bebe es del chorro. En Canarias, aun siendo desalinizada, es imposible. Ducharse en lugar de bañarse o cerrar el grifo mientras se friegan los platos o se lavan los dientes es la costumbre en Canarias. Mi madre siempre estaba detrás de nosotros diciendo “cierra el grifo”. Así, se conciencia cualquiera. También es verdad que la pagamos al precio más caro de toda España. A los madrileños, cuesta concienciarlos. Al resto de los peninsulares, también.

De todas formas, hay un trauma que todavía no he podido superar. Soy incapaz de beber agua del grifo. Así que, cada semana me ves en el supermercado, con la calculadora del móvil en la mano, tratando de averiguar qué agua de todas es la que sale más barata. Sin embargo, donde esté mi agüita de Firgas con gas, que se quite cualquier otra. ¡Y pensar que ya no se puede traer una mísera botella de medio litro en el avión!

Pero, por favor, del chorro o embotellada, peninsulares o canarios, súmense todos al reto del agua. La supervivencia del Planeta va en ello.

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