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Resaca cibelina

Lunes, 18 junio 2007

Parece que, pese a que al comienzo de la noche el sueño parecía alejarse, el Real Madrid, cuatro años después, consiguió, de nuevo, ganar la Liga. Desde que comenzó el partido, la ciudad parecía un desierto. Sin embargo, la tensión se palpaba en la calle. El gol del Mallorca, unido a los del Barcelona, que le daban virtualmente el campeonato liguero a los catalanes, no hicieron otra cosa que aumentar esa tensión. Hasta que llegó el empate… y el segundo gol. El Real Madrid volvía a liderar la Liga. El tercer gol sirvió para desatar las pasiones por completo.

Cada uno de los goles me fue anunciado por el griterío procedente de alguno de los bares que hay debajo de mi casa, bastante lejos del Centro. Voladores, pitas de coches y cánticos todavía se oyen por las calles. En Cibeles, veo por La Sexta, la fiesta es imparable. Ya hablan de medio millón de personas y la guagua con el equipo aún no ha llegado hasta allí. Hoy, a diferencia de los días de manifestación, seguramente, no habrá guerra de cifras. Mañana será un día de resaca.

Se nota que esta ciudad necesitaba festejar un título. Uno, que no es muy futbolero, siente una sensación de sana envidia. Si no me viese obligado a tener que madrugar mañana, seguramente habría intentado acercarme, cámara fotográfica en mano, hasta Cibeles. También se siente una sana envidia. Envidia porque, mientras en Madrid se celebra una Liga, en Gran Canaria se suspira, aliviados, porque la U.D. Las Palmas se salvó in extremis de volver a caer en el pozo de la Segunda División B, después de pasarse media temporada coqueteando con el abismo.

Las Palmas de Gran Canaria también necesita festejar alguna gesta deportiva. Sin embargo, su principal representante no está por la labor. Como viene siendo habitual, ha sido el olvidado baloncesto el que más satisfacciones ha dado a la afición, pero, como siempre, su gran esfuerzo será prontamente olvidado. Incluso, serán criticados por no pasar de la primera ronda de la lucha final por el título, olvidando que hay que quedar entre los ocho primeros para poder disputarla.

Sin embargo, esta noche no es para hablar de Gran Canaria, sino para ver cómo una ciudad, Madrid, se vuelca con un equipo, siempre en el centro de la polémica, tras conseguir lo que hace tres meses nadie creía posible: ganar su trigésima Liga.

Además, esta noche se ha roto otra maldición: la maldición de Zapatero, azulgrana confeso, según la cual mientras él estuviera en la Moncloa, las ligas serían para el Barcelona. Algunos, seguramente, querrán ver una señal en esto.

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