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Un Madrid de tahonas y tranvías

Viernes, 17 octubre 2008

Cuando empecé a escribir sobre algunos de los libros que voy leyendo, advertí que todos los comentarios que hiciera estarían desprovistos de cualquier rigor académico, ya que no serían más que una visión subjetiva y estrictamente personal de esas lecturas. Si hasta ahora esto ha sido así, me atrevo a asegurar que lo será aún más en esta entrada, en la que pretendo comentar la novela Nuevas ocasiones, escrita por Juan Pedro Molina Cañabate.

Juan Pedro Molina fue uno de los primeros profesores con quien me topé a mi llegada a la Universidad Carlos III de Madrid. Aunque iba de tipo duro, intentando marcar las distancias entre profesor y alumnos, por eso de evitar que se le subieran a las barbas, se veía a la legua que era un cacho de pan, una buena persona. Supongo que de ahí lo de intentar marcar las distancias. Por eso, cuando conocí su faceta de escritor, no me sorprendió en absoluto encontrar esa calidez humana que destilan los textos que escribe en su blog y que también podemos encontrar en esta novela.

Nuevas ocasiones, recientemente publicada por la canaria Ediciones Idea, propone al lector realizar un viaje al Madrid de finales de 1923, un Madrid que huele a tahonas, en el que los chicos vocean las últimas noticias de la prensa -en la que posiblemente aún colea la noticia de la llegada al poder de Primo de Rivera- y los viajes más rápidos se hacen en tranvía.

Este será el escenario en el que Daniel Martín, un joven médico especializado en pediatría, viva su viaje iniciático hacia la edad adulta. En el camino le acompañará Juan Senn, su director de tesis, además de jefe y amigo, que acabará convirtiéndose en algo más que un segundo padre para Daniel.

Entre 1923 y 1925, período en el que, esencialmente, se desarrolla la novela, Daniel deja de ser un joven idealista para convertirse en una persona madura. En esos años el protagonista encontrará el amor y forjará amistades y enemistades inquebrantables, en unos momentos de inestabilidad política que marcarán su vida futura, por escoger el bando de los que defienden la lealtad a las personas y a los principios.

Porque la vida de Daniel se verá marcada irremediablemente por la figura de Germán de Castro, un catedrático de psiquiatría procedente de La Sorbona, que no dudará en usar todos los medios que tenga a su alcance para lograr sus ambiciosos objetivos.

La mayor parte de la trama de la novela, por tanto, enfrenta al íntegro e idealista pediatra con el ambicioso y despiadado psiquiatra, de tal forma que el transcurso de los acontecimientos acaba con la inocencia de Daniel, pero no logra despojarle de su integridad, de sus principios. Prefiere luchar contra De Castro, y defender valores como la amistad aunque ello le acarree problemas en una época revuelta, que sucumbir a sus cantos de sirena.

Se trata de un punto de partida impecable, muy bien planteado y narrado. El problema radica en que la novela se queda ahí. Molina Cañabate plantea una historia entre dos antagonistas que, aparentemente, se resuelve tras el primer enfrentamiento. Crea una historia que promete ser apasionante y la acaba cuando al lector aún se le está haciendo la boca agua, dejándolo con ganas de mucho más.

Aunque, conociendo algo a Juan Pedro, supongo que tendremos nuevas ocasiones de disfrutar con la lectura de nuevas obras, al menos, tan interesantes como ésta.

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