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Lágrimas de tinta

sábado, 20 febrero 2010

Cada vez que sentía la necesidad de llorar, pensaba en ella. Furioso, aún después de tanto tiempo, llenaba renglones y renglones contándole lo mucho que la odiaba por todo el daño que le había causado.

Cuando, exhausto, terminaba de escribir, doblaba cuidadosamente los folios que había emborronado con sus lágrimas, los introducía en un sobre y lo guardaba en un cajón. Aquel en el que, año tras año, iba acumulando las cartas que escribía a ese amor a quien nunca tuvo el valor de declararse.

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