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El Nueva York profundo

Jueves, 26 agosto 2010

Cuando, allá por junio de 2002, los miembros de Gomaespuma anunciaron que se tomaban un par de años sabáticos –o, al menos, alejados de las ondas– me llevé un disgusto bastante grande. Tanto, que durante la siguiente temporada fui incapaz de engancharme al No somos nadie de Pablo Motos, el programa despertador que recogió su testigo en M80. Por eso, cuando, un par de años después, desembarcaron en las tardes de Onda Cero, me llevé una gran alegría.

Durante el intervalo de tiempo que estuvieron alejados de los micrófonos, en contra de lo que pudiera parecer, los integrantes del dúo cómico no dejaron de trabajar. Así, por ejemplo, Guillermo Fesser se trasladó a un pueblecito de Estados Unidos –del que es oriunda su mujer–, con el objetivo de encerrarse a escribir el guión de una película que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en Cándida.

Sin embargo, el estilo de vida con el que se encontró, completamente diferente al que uno esperaría del país más desarrollado del mundo, le llamó tanto la atención que a punto estuvo de no escribir guión alguno. A cambio, se volvió a España con los apuntes que, unos años después, acabarían dando forma al libro A cien millas de Manhattan.

Porque en Estados Unidos, Fesser vive en “el paraíso de las ardillas”, en Rhinebeck, a cien millas de Manhattan, en una casa de madera pintada de gris pálido, en un pueblo lleno de pintorescos personajes que no puedo dejar de evitar que me recuerde a la peculiar Stars Hollow de Las chicas Gilmore, a pesar de que esta ficticia ciudad se encontrara en la vecina Connecticut y no en el estado de Nueva York.

Y es que lo que se encuentra Fesser a 160,9344 kilómetros –según Google– de Nueva York es una forma de vida más cercana a la de la Norteamérica profunda que a la de la Gran Manzana. Y esos contrastes son los que el periodista se dedica a desgranar a lo largo de las 496 páginas que conforman este libro.

Así, durante los meses que dan título a cada uno de los capítulos de esta obra, el lector va a encontrar desde una descripción detallada de todos los pasos necesarios para fabricar sirope de arce casero, hasta la explicación del origen del característico vapor que surge de todas y cada una de las alcantarillas de la ciudad de los rascacielos, pasando por un viaje por un río de Alaska para pescar salmón, sin olvidarnos de los cientos de anécdotas que pueden ocurrirle a un españolito de a pie que, de repente, aterriza en una América que jamás pensó que existiera.

Si, encima, todo esto te lo cuenta la voz inconfundible de Guillermo Fesser, las horas de placer y risas –aunque no sea en sentido estricto una obra de humor– están garantizadas. Sólo por eso, le perdono que, allá por junio de 2002, Gomaespuma dejara huérfanas de sonrisas mis mañanas de camino al trabajo.

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