¿Qué estabas haciendo en 2016?
En las últimas semanas, las redes sociales se han llenado de fotos y posts que nos devuelven a hace justo una década. Con la llegada del nuevo año, una especie de nuevo reto viral nostálgico ha decidido que 2026 debe convertirse en el nuevo 2016, año que los millenials consideran como el último buen año antes de que todo comenzara a cambiar, según leo en varios artículos publicados esta misma semana y que tratan de analizar este fenómeno.

En el año del lanzamiento del videojuego Pokémon Go, Squirtle protagonizó uno de los muchos memes de esos doce meses.
La idea se resume en que en 2016 todavía las redes sociales no estaban dominadas por los algoritmos y aún nos permitían conectar con amigos y familiares sin que el ruido y la crispación dominaran los (ahora inexistentes) debates; Instagram servía solo para publicar fotos que nos mostraba cronológicamente, Snapchat triunfaba con sus filtros de orejas y nariz de perros; YouTube se llenaba de vídeos recreando el Mannequin chalenge y miles de personas se lanzaron a las calles a cazar pokemons, tras el lanzamiento de Pokémon Go en julio de ese mismo año. En definitiva, que todos éramos más jóvenes, más inocentes, estábamos menos resabiados y todo resultaba mucho más sencillo. Un lugar feliz al que la nostalgia nos invita a volver.
Sin embargo, ese año supuestamente idílico fue también el año en el que todo se empezó a torcer. Porque, como ocurre en todos y cada uno de los años de esta vida, no todo fue bueno en 2016. No solo porque fallecieran David Bowie; le siguieron Prince, Leonard Cohen, George Michael o Carrie Fisher, sino porque fue el año en el que los británicos –muchos de ellos influenciados por debates manipulados en las redes sociales– votaron a favor del Brexit y Donald Trump ganó sus primeras elecciones presidenciales en Estados Unidos, tras una campaña en la que las redes sociales también tuvieron un papel destacado.
En España acudimos también a las urnas. Fue en el mes de junio, en la primera vez que nos veíamos obligados a repetir unas elecciones generales, tras la negativa de Mariano Rajoy a presentar su candidatura a presidir el Gobierno y la investidura fallida de Pedro Sánchez. Tras esos segundos comicios llegó el «no es no» del líder socialista a la investidura del popular y, finalmente, la abstención del PSOE, tras un accidentado comité federal, que supuso el descenso a los infiernos de Sánchez para su posterior resurrección. Es decir, el germen del irrespirable clima político por el que transita el país desde 2018.
A ello habría que sumar una pandemia en 2020 y la crisis económica y social que generó durante los siguientes años; la inestabilidad política y el auge de los extremismos; la invasión rusa de Ucrania; la guerra en Gaza; la negativa de Trump a aceptar su derrota electoral que derivó en el asalto al Capitolio en 2020 y la deriva autoritaria que ha abrazado en su segundo mandato; o crisis como la dana de Valencia o la erupción del volcán de La Palma para, a la hora de mirar atrás darse cuenta de que, aunque solo hayan pasado diez años desde 2016, parezca como si hubiera transcurrido toda una vida.
Es cierto que la memoria dulcifica todo lo negativo y quizás por ello a quien se le ocurrió lanzar este reto 2016 le parezca el mejor año de su vida, aunque también fuera el del nacimiento de Tik Tok –y, como reacción, de las stories de Instagram–, una red que contribuyó a asentar el reinado del algoritmo y a apuntalar la vorágine de la inmediatez en la que vivimos hoy. No niego que sea posible que, a pesar de todo, hace diez años, cuando, en pleno lanzamiento mundial, Netflix comenzaba su reinado en España (llegó oficialmente en octubre de 2025), viviésemos mucho mejor que hoy. Posiblemente, aún podíamos aspirar a alquilar, cuando no comprar, una vivienda y, lejos aún la deriva inflacionista, los salarios alcanzaban para comprar más por mucho menos.
Fuéramos o no más felices, el año que concluyó con un youtuber lanzado al estrellato –y posteriormente estrellado– tras llamar «caranchoa» a un repartidor en plena calle y los cientos de memes que lo siguieron, lo que sí es seguro es que éramos diez años más jóvenes. Y, en mi caso particular, tenía fuerzas y ánimos para comerme el mundo mientras ponía mi granito de arena para construir un diario digital que revolucionó el panorama mediático de Canarias. Un proyecto que, durante casi una década fue testigo y fedatario de todos esos cambios, y al que han conducido a acabar condenado a la irrelevancia.
Ahora, diez años después y con un mundo sumido en la más completa incertidumbre en muchos de sus ámbitos, entiendo perfectamente a quien pudo pensar que casi cualquier tiempo pasado fue mejor y lanzar la pregunta «¿qué estabas haciendo en 2016?» con tanto éxito.

