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De Gran Canaria a Madrid, con escala en Estocolmo

Miércoles, 6 junio 2007

Junio, al fin, ha aterrizado en Madrid y con él, llega el sol y el calor. La verdad es que uno, amante del sol durante todo el año al igual que los lagartos, agradece los calidos lametones en cara y brazos a las nueve de la mañana… y de la noche. Será que llevo mucho tiempo fuera de la Isla y las últimas veces que he estado el tiempo no ha acompañado lo suficiente.

Una de las últimas veces que estuve en casa, en Semana Santa, compré un libro cuya lectura he ido intercalando con otras muchas. Ayer lo acabé. Es una recopilación de columnas que se publicaron entre enero de 1999 y julio de 2000 en la ya desaparecida Tribuna de Canarias, bajo el epígrafe de Síndromes de Estocolmo. En estas columnas, que ya he mencionado, su autora nos habla de un año y medio de vida en la capital de Suecia.

En muchos de los relatos se nota una gran añoranza. El contraste entre Suecia y los suecos y Gran Canaria y los canarios es demasiado grande. Sin embargo, una parte de ella queda atrapada bajo el influjo de una ciudad que se reinventa con cada estación del año.

A medida que avanzaba en la lectura, no podía dejar de sentirme reflejado en ese sentimiento. O, tal vez, era mi sentimiento de añoranza el que se reflejaba en el libro. Cada día que pasa se hace un poco más difícil estar fuera de casa, sin ver a tu gente, escuchar tu acento, contemplar tu tierra, el mar, respirar el fresco y húmedo alisio, pero, sobre todo, sin notar esa sensación de familiaridad al doblar cualquier esquina. Simplemente, sentirse en casa.

Madrid y Estocolmo son muy diferentes. La autora, al final, quedó atrapada por la capital sueca. Yo, por el contrario, sólo tengo ganas de que llegue la hora de volver a pasar unos días en casa. Lo peor de todo es que no me siento mal viviendo aquí, sólo que hay días como hoy en que uno sufre de pequeños ataques de nostalgia. Quizá sea una pequeña crisis por no saber aún si me pasaré el verano derritiéndome en el Retiro o bajo la panza de burro y el alisio de Las Canteras. O, quizá, es que tengo miedo de que, si sigo durante mucho tiempo aquí, acabaré cautivado por la gran ciudad.

Y, claro, no es que no me guste Madrid. Es que no es Gran Canaria.

3 comentarios leave one →
  1. Miércoles, 29 agosto 2007 7:44 pm

    No había visto esto. Gracias 🙂

    Te entiendo perfectamente. Y con Estocolmo también pasa que no es Gran Canaria, que no lo he pisado en casi siete años y que me producía una tormenta de emociones contradictorias hasta hace nada.

    Que te sea leve Madrid y que vuelvas pronto.

  2. Miércoles, 29 agosto 2007 9:27 pm

    Gracias a ti, por la visita y por el libro.

    Pese a los cambios climáticos extremos, puedo decir que sobrevivo a Madrid, que no es poco.

    Y volver… una escapada en septiembre, seguro. Supongo que sobre el 20 y ya veré si empato con el puente del Pilar. 😉

Trackbacks

  1. Salvapantallas, pijamas y Cartas a Sinaja « Un canario en Madrid

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