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Sin noticias de Yéremi

Sábado, 9 junio 2007

Mañana, domingo 10 de junio, se cumplen tres meses de la desaparición del niño Yéremi Vargas, cuando jugaba junto a sus primos, en un solar al lado de su casa, en la localidad grancanaria de Vecindario.

Durante las primeras semanas que siguieron a la desaparición del niño, la cobertura mediática del caso fue descomunal. La foto de Yéremi o la cara de su madre, desencajada por el dolor, abrían prácticamente todos los informativos nacionales. El caso podía seguirse desde Madrid casi como si se estuviera en Gran Canaria. Sin embargo, los días pasaban y no se sabía nada de Yéremi. La noticia, por repetida, poco a poco, dejó de ser noticia, pero no en Canarias ni entre los canarios. Impresiona ver la Isla llena de carteles con la foto del niño, aún antes de cruzar la puerta del aeropuerto.

A principios del pasado mes de mayo, Madeleine McCann, una niña británica de tres años, fue secuestrada en un hotel del Algarve portugués. Su caso ha dado la vuelta al mundo, al igual que sus padres, que están recorriendo Europa en medio de llamamientos para que liberen a su hija. En la rueda de prensa que ofrecieron en España, recordaron a Yéremi, a la vez que vincularon las desapariciones con una presunta red de secuestros que opera en nuestro país.

Si bien esta hipótesis es bastante improbable, sí que resulta chocante que hayan pasado tres meses desde la desaparición del niño y sigamos sin saber nada. Sobre todo cuando la Isla se cerró nada más denunciarse el caso. Al menos en lo que respecta al aeropuerto y a los puertos comerciales, porque en los deportivos puede pasar cualquier cosa.

Gran Canaria es una isla pequeña, por lo que sucesos como el de Yéremi o la desaparición, hace casi un año, de Sara Morales conmocionan enormemente a sus habitantes. A los de las siete islas. Una muestra clara es la solidaridad que el pueblo canario ha brindado a la familia de Yéremi. Hoy, según me dicen, la Isla sigue plagada de carteles con las imágenes de Yéremi y Sara. Aunque los medios no hablen de ellos, el pueblo los tiene presente. Los cuerpos de seguridad tampoco lo olvidan, pero su trabajo es -y debe ser- callado y silencioso.

Han pasado ya tres meses y seguimos sin noticias de Yéremi. Probablemente mañana los medios de comunicación dediquen algunas páginas y minutos a recordárnoslo. Su familia lo hace cada minuto. Cada día que pasa aumenta la desesperación y disminuyen las esperanzas de alcanzar un desenlace cercano en el tiempo. Sin embargo, los milagros existen. Con todos sus claros y oscuros, el caso de la austriaca Natascha Kampush es un ejemplo de ello, al igual que la liberación de una niña de 15 años que llevaba casi uno desaparecida, ocurrida el pasado miércoles en Connecticut.

Sin embargo, estas informaciones poco consuelo podrán ofrecer a las destrozadas familias de Yéremi o Sara, que, mientras esperan la aparición, sanos y salvos, de sus seres queridos, lo único que saben es que en casa, desde hace ya demasiado tiempo, espera una cama vacía.

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