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De cuando Van Gogh ofrecía fondos de inversión

Lunes, 16 julio 2007

Trabajar en Madrid durante el verano también tiene que tener sus ventajas. No todo van a ser inconvenientes, como el calor. Hoy, disfruté de una de ellas. Después de asistir a la rueda de prensa de presentación de los resultados semestrales de una entidad bancaria, me fui corriendo al Museo Thyssen-Bornemisza, ya que una gestora de fondos de inversión presentaba su propuesta comercial de inversión en la zona de Asia-Pacífico.

No me he vuelto loco. No se trata de que me muriese de ganas por conocer las perspectivas de rentabilidad de las inversiones en China y la zona del Pacífico asiático en general, aunque tengo que reconocer que la conferencia me pareció muy interesante. Y eso que estaba dirigida fundamentalmente a gestores de patrimonios, aunque también la prensa estaba convocada. Imagino que mi percepción del tema, así como mi interés, están muy condicionados por mi experiencia bancaria.

Mis ganas de acudir al Thyssen nacían, sobre todo, del hecho de que tras la conferencia iban a ofrecer una visita privada a las dos exposiciones temporales que acoge el museo en la actualidad: Richard Estes y Van Gogh, Los últimos paisajes. Y es que, por si no lo saben, el museo cierra los lunes. Tras la visita guiada, además, ofrecieron un cocktail. Lástima que había que volver a la redacción y apenas pude quedarme unos minutos de cortesía.

Siendo sincero, pagar cuatro euros sólo para ver la exposición de Estes, aunque la formen casi cuarenta cuadros de estilo fotorrealista, que representan aproximadamente el diez por ciento de su producción, me parece algo exagerado. Pagar cinco por ver bastantes de las más de setenta obras que pintó Vincent Van Gogh durante sus últimos setenta días de vida, así como otras relacionadas con los mismos paisajes, me seducía mucho más, claro que yo soy un enamorado de la obra del genio holandés.

Cuando en la redacción me pasaron la invitación al Thyssen, me apresuré a confirmar mi asistencia, sobre todo porque Tita, que, por cierto, celebraba hoy su onomástica, se siente muy orgullosa de acercar la cultura a los españoles, pero en su museo no existe ningún día de entrada gratuita. No era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Lo que sí han hecho es ampliar el horario de visitas del museo durante julio y agosto, desde las siete de la tarde hasta las once de la noche. Para ese horario ofrecen una entrada combinada a las dos exposiciones temporales, por horas, que cuesta siete euros. Eso me parece algo más razonable, aunque el ahorro sea de sólo dos euros.

Gracias a que este verano estoy trabajando en Madrid, he conseguido ver las dos exposiciones, en una visita privada, guiada y, lo que es más importante, sin pagar entrada. Además, nos regalaron un bloc pequeñito de la exposición de Van Gogh, que cuenta con una amplia sala de venta de merchandising.

Claro que hay que pagar un precio por disfrutar de este pequeño privilegio. En mi caso ha sido tener que moverme por Madrid, con chaqueta y corbata en pleno mes de agosto, lo cual no es nada agradable. De eso, puedo dar fe.

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