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Que (no) descanse en paz

Viernes, 31 agosto 2007

En la madrugada del 31 de agosto de 1997, hace justo una década, Diana Spencer, la madre del futuro rey de Inglaterra, fallecía al chocar el coche en el que viajaba con el pilar número 13 del Pont de l’Alma, en París. Las circunstancias en que se produjo el accidente aún no han sido aclaradas y, probablemente, nunca lo serán. Diez años después, tampoco importa, porque con la muerte de la Princesa de Galés nació el mito de Lady Di.

Por si alguien no era consciente de que se aproximaba esta efeméride, los distintos medios de comunicación se han encargado de recordarlo durante todo el mes. Unos, han informado de los actos organizados en su memoria y han recordado a la princesa de forma amable, otros han recordado (y publicado) la famosa entrevista que concedió a la BBC en 1995, en la que se confesó públicamente, comenzando a forjar su mito. Alguno, incluso, ha llegado a dedicarle un editorial, en el que analizan las consecuencias que tuvo su muerte sobre la monarquía británica.

Pero, claro, no todos los homenajes podían ser amables. Antena 3, fiel a su línea, programó un polémico documental en el que se incluyen imágenes inéditas del accidente. Obtuvo un  20.8% de share y 1.164.000 espectadores. Fue el segundo programa más visto en el late night, por detrás del homenaje que TVE ofreció al fallecido jugador del Sevilla, Antonio Puerta. El morbo, incluso diez años después, sigue vendiendo.

Cualquier cosa que se publique sobre Diana de Gales sigue generando polémica y, probablemente, durante muchos años seguirá siendo así. Su matrimonio de tres, como ella misma confesó, la actitud de Isabel II tras su muerte, los cientos de libros escritos sobre su persona, las cartas, biografías no autorizadas, series, películas, la boda del príncipe Carlos con Camilla Parker, el parecido –físico y en actitud– entre ella y sus hijos, las paranoias de Mohamed Al-Fayed, el padre de su último amante, fallecido también en el mismo accidente… la lista sería interminable.

Al final, su faceta filantrópica, ésa a la que se dedicó en cuerpo y alma durante los últimos años de su vida, ha quedado en un segundo plano. Hoy, su tumba es un parque temático que cada año visitan miles de turistas y su vida y muerte siguen haciendo subir las ventas de revistas y las audiencias de televisión. Lady Diana Spencer hizo tambalearse los cimientos de la monarquía en el Reino Unido. Diez años después de su muerte, su sombra sigue siendo alargada.

Las simpatías de los británicos siguen con la princesa de Gales y sus hijos. La presión popular ha hecho que Camilla Parker, la amante y actual esposa de su marido, no pueda asistir a su funeral. Ignoro si su amigo Elton John volverá a perpetrar la versión de Candle in the Wind que dedicó a Diana tras su muerte. El tema fue número uno en las listas de ventas ese otoño.

Quizá Elton John fue el primero en empezar a hacer negocio a costa de la muerte de Diana, pero yo prefiero quedarme con la canción, Lady Di que, un par de años antes, le dedicaron los gallegos Zapato Veloz (los del Tractor amarillo), en la que la invitaban a dejar a la familia real y venirse a España a chuparse un pirulí.

Lo único claro hoy, diez años después, es que, pese a lo que pida Elton John, a Diana de Gales no la dejan descansar en paz. Y, por lo que se ve, tampoco la dejarán.

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