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Cómo pelar un tuno

Martes, 8 abril 2008

Después de contar la historia de lo que le sucedió al goloso pájaro pinto que decidió posarse en un tuno y de algunos de los comentarios que dicha historia ha recibido, creo que ha quedado claro que muchas personas consideran los tunos un auténtico manjar. A la vista de estos acontecimientos y, aunque no comparta ese gusto, creo que es oportuno dar un curso práctico de cómo debe pelarse un tuno.

Y lo haré siguiendo las sabias palabras que, me cuentan, dedicaba mi bisabuelo materno -el padre de mi abuela- a cada uno de estos frutos en el momento de pelarlos:

Asegúrate, jigo y tuno,
que aquí traigo mi navaja
pa’ cortarte el pezón y el culo.
En medio te hago una raja
y te mando pa’l otro mundo.

Lo que viene a significar es que les cortaba los dos extremos (pezón y culo) y, luego, les practicaba un corte longitudinal para poder separar el resto de la cáscara de la fruta.

Cuando escribí la historia anterior no recordaba esta poesía, aunque debo tenerla anotada en algún sitio. Me la recordó mi madre esta noche, cuando hablamos por teléfono. Me dijo que la iba a poner en un comentario, pero creo que se merece una entrada para ella sola. Así que le pedí que me enviase un correo con lo que había escrito.

Cuenta mi madre, en ese correo, que le viene a la memoria la imagen de su abuelo “sentado junto a la mesa, con una cesta de pírgano llena de tunos en medio de los pies, echando manos a la cintura y sacando aquel cuchillo canario de la vaina”. Cada vez que pelaba un tuno, recitaba la poesía en cuestión.

Dice, además, que “pelaba tunos para todos y los cogía con sus manos, no como tu madre que los coge con un cuchillo y un tenedor, y para comérselos se los llevaba a la boca con la misma cáscara, mientras que a los demás les quitaba la cáscara y nos los daba en la mano”. Y continúa, “eso si, los tunos estaban muy bien barridos; las púas brillaban por su ausencia”.

Para concluir, desvela una parte de la historia que yo desconocía: “los tunos blancos eran para Abuela, porque a ella no le gustan los colorados”.

Todo esto es mucho más de lo que sabía hasta hoy. ¡Lo que puede aprenderse gracias a un tuno!

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4 comentarios leave one →
  1. eowyn permalink
    Jueves, 17 abril 2008 10:31 am

    Creo que ahora no tengo excusa para probar un tuno después de tantos años en esta isla, no?

  2. Jueves, 17 abril 2008 5:10 pm

    Pero, ¿cómo? ¿Es que aún no has probado un tuno? La próxima vez que vaya a la Isla te tiro a la marea. Vete preparando. 😛

  3. ana permalink
    Lunes, 18 agosto 2008 4:32 pm

    Con lo rico que son los tunos, mi abuela los cogia a mano abierta y mi padre me enseño a pelarlos, eso de usar cuchillo y tenedor me suena a demasiada finitura, el tuno cuanto mas a lo canario mas sabe

  4. Martes, 19 agosto 2008 6:49 pm

    Ana, precisamente lo que cuento -o cuenta mi madre- es que mi bisabuelo los pelaba sólo con la mano y un cuchillo. Ella, en cambio, se ayuda de un tenedor. Yo, por mi parte, procuro alejarme todo lo que puedo, ya que tengo un imán para las púas. 😉

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