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Dame más si me conviene

Domingo, 14 octubre 2007

Acabo de llegar del aeropuerto. El puente del Pilar se acaba y mi hermano regresa a Fuerteventura. Yo, por mi parte, volveré a Madrid el martes. No suelo frecuentar la terminal de vuelos interinsulares del Aeropuerto de Gran Canaria, por lo que no era consciente del frenético nivel de actividad que rodea los mostradores de Binter cada domingo por la tarde. Es más, después de sólo dos experiencias, empiezo a entender por qué Morgan se refiere a esta compañía como “Brinquen Canallas”.

Hace dos semanas, mi hermano ya tuvo un problema a la hora de facturar para Fuerteventura, porque cuando llegamos, Binter ya había cerrado su vuelo, pese a que aún quedaba más de media hora para la salida. Lo pusieron en lista de espera y acabó saliendo en el siguiente, otra media hora más tarde.

Para evitar sufrir el mismo problema, hoy llegamos al aeropuerto con más de una hora de antelación. Pero dio igual: estábamos destinados a soportar otro problema distinto: no podían emitirle la tarjeta de embarque. Al parecer, aparecía como pasajero del vuelo, pero, a la hora de facturar, el sistema informático no lo encontraba.

La chica de facturación no lo sabía solucionar, así que llamó a la coordinadora, que, por teléfono, le dijo que el billete figuraba como usado. Lo enviaron a la oficina de ventas para que se lo solucionaran. Allí le dijeron que, al parecer, el día 30 de septiembre, en lugar de utilizar el billete de ese día –que era una tarifa mini–, utilizaron el de hoy y dejaron el de ese día abierto. El problema es que las tarifas especiales no pueden utilizarse con posterioridad. La solución que le daban era comprar otro billete para hoy y reclamar la devolución de lo pagado por el que se usó, indebidamente, en septiembre.

Encima, no había plazas para volar directamente, por lo que debería quedar en lista de espera. Sin embargo, como la situación era fruto de un error de Binter –y, al menos en teoría, su plaza estaba libre, añado yo–, iban a “colarlo” y emitirle la tarjeta de embarque directamente. Tras comprar el billete, lo mandaron a un mostrador de facturación, donde le darían la tarjeta y podría presentar la reclamación. Ya sólo faltaban 35 minutos para que saliera el vuelo.

Ese mostrador estaba atendido por la coordinadora que, tras haber hablado por teléfono con el primer mostrador de facturación y, dos veces, con la oficina de ventas, nada más verlo le dijo que devolviera el billete que acababa de comprar, porque estaba claro que había sido un error de Binter –de la persona que lo atendió el primer día, vuelvo a añadir yo– y no tenía por qué pagar dos veces.

Total, que le dio la tarjeta de embarque y, tras volver al mostrador de ventas, anularon el billete que acababa de comprar. Pasó el control 20 minutos antes de la salida del vuelo, después de perder casi tres cuartos de hora haciendo colas en tres mostradores diferentes, para llegar a la conclusión de que lo que hizo la coordinadora se podría haber hecho antes de enviarlo la ventanilla de ventas. Al final, el vuelo salió con algo de retraso.

Dos veces ha venido desde que está en Fuerteventura. Las dos veces ha tenido problemas con Binter a la hora de volver. Puede que sea una campaña de la aerolínea canaria para que se quede allá y no venga a ver a la familia. Lo único que sé es que estas situaciones me hacen apreciar mucho más el sistema de facturación on-line de Spanair, que evita este tipo de sustos, además del temido overbooking.

Parecía que, después de que todo lo que podía salir mal hubiese salido mal, la situación se había arreglado y nos podíamos ir, tranquilamente, a casa. Pues no, porque al salir del aparcamiento la maquinita no quería leer la tarjeta y, por tanto, no se abría la barrera. Casi sin pensarlo, mi madre exclamó: “¡Dame más si me conviene!”, frase que pronunciaba mi bisabuela cada vez que se encadenaba una sucesión de situaciones en las que todo salía mal. Supongo que increpando a Dios en tono irónico.

Afortunadamente, mi hermano pudo volar sin necesidad de comprar otro billete y la barrera se levantó después de darle la vuelta a la tarjeta. Debe ser que no nos convenía.

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2 comentarios leave one →
  1. Millaquito permalink
    Lunes, 15 octubre 2007 8:28 pm

    Mira a ver si en Binter me van a poner en una lista negra por criticarlos. Sería lo que me faltaba. Y lo de con algo de retraso… en realidad fue media hora, que se dice pronto y encima luego en el avión repartieron “prensa”: El Día. Como si no nos hubiesen torturado bastante.

  2. Lunes, 15 octubre 2007 10:25 pm

    En todo caso, en lista negra me pondrían a mi, que soy quien critica. Al menos, además del “panfleto” de Don Pepito, te darían una ambrosía, pero a mi, en Spanair, como mucho me dan un par de caramelos. Pero, eso sí, puedo sacar la tarjeta de embarque desde casa. 😉

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