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Historia de un sueño inquietante

Viernes, 25 enero 2008

Hasta hace algo más de un año, afirmaba sin dudar que me gustaba volar. El caso es que me encantaba -y me sigue encantando- viajar y, cuando se es de un lugar como Canarias, la necesidad de volar viene incluida en el paquete el 99% de las veces. Pero, tras más de un año viviendo en Madrid, ya no estoy tan seguro. Pasar más de dos horas y media en un avión cada vez que vas a casa empieza a resultar más que cansino.

Sin embargo, creo que aún puedo afirmar que, aunque me canse, me sigue gustando volar. Sobre todo si puedo hacerlo en business. Y creo que puedo seguir manteniendo esta afirmación, incluso después del sueño que tuve hace un par de noches.

Afronto aquí, por tanto, la labor catártica de expulsar la inquietud que, en ese momento, me produjo el sueño y que aún perdura en mí.

Por lo que recuerdo, el sueño comienza en el exterior del Aeropuerto de Gran Canaria. Estoy junto con dos amigos aproximadamente donde está la primera rotonda que te encuentras al entrar al recinto cuando vienes del norte. Sólo que, en lugar de haber una rotonda, hay un jardín y se encuentra más elevada, de forma que se ven las pistas.

En el sueño, tenía que haber tomado un avión para venirme a Madrid. Sin embargo, no sé por qué motivo, decido no hacerlo. Por eso me encuentro allí, viendo como despega el avión de Iberia que tendría que haberme traído a Madrid.

En la vida real, en el momento en que el tren de aterrizaje se despega del suelo y el avión comienza a elevarse, notándose la pérdida del sustento de la tierra firme, de una forma totalmente intuitiva, tengo la sensación de que el avión, pese a estar elevándose, cae unos pocos metros, antes de seguir ganando altura. Hasta que el avión alcanza su altura de crucero se me contrae el estómago. Esos momentos se convierten en el único instante en que lo paso mal. Luego, me olvido.

Esto, precisamente, era lo que explicaba a mis amigos en el sueño, mientras veíamos cómo ganaba velocidad y despegaba el avión en que yo debía haber viajado. Les decía que, justo en el momento en que el avión se empezaba a elevar, notaba esas punzadas en la boca del estómago y las notaba mientras lo contaba -y, de verdad, mientras lo soñaba-, como si mi yo del sueño estuviese conectado con el avión. Apenas el avión se había elevado unas decenas de metros, cuando una ráfaga de viento comenzó a balancearlo como si fuese una cometa, hasta estrellarlo de morro contra el suelo.

Aquí el sueño se vuelve más extraño. Se mezcla el alivio de no estar en el avión, de haberme salvado, con la angustia por el accidente y por una serie de circunstancias, absurdas la mayor parte de ellas, que me impiden llamar a casa para decir que estoy bien, aunque sé que allí saben que no había cogido el avión. Ésta, quizá, es la parte más absurda y angustiosa del sueño y, supongo que por ello, me desperté con el corazón desbocado y bañado en sudor frío.

No sé porqué, hace un par de noches, soñé que me salvaba de morir en un accidente aéreo y lo que más me preocupaba era no poder decir que estaba bien, cuando ni siquiera sé por qué fui a ver cómo despegaba un avión que, de antemano, sabía que no iba a coger. Sin embargo, sí sé que, en la vida real, seguiré volando y sintiendo ese hormigueo en el estómago cada vez que el avión despegue.

Lo sé, porque en el fondo, me gusta volar. Ahora bien, si alguien se atreve, agradezco interpretaciones.

Aeropuerto de Gran Canaria

Afortunadamente, éste no era el avión de mi sueño.

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2 comentarios leave one →
  1. Marta permalink
    Viernes, 25 enero 2008 9:46 am

    Hola Ruymán,

    aquí mis dos interpretaciones:

    Interpretación una: la noche anterior al sueno “cenaste fuerte” y tuviste molestias estomacales que se presentaron en forma de turbulencias en el avión de tus suenos.
    Interpretación dos: y por la que más me inclino. El no poder avisar de que estás bien a los tuyos, sentir angustia, pasarlo mal por ellos. Los echas más de menos de lo que durante el día cuando estás despierto y ocupado puedes detenerte a pensar. Estás bien siguiendo tu camino en Madrid pero piensas que te estás perdiendo cosas por no estar con ellos. Es pasajero, yo también he tenido suenos así, solo que no era a mi a quién le pasaba algo malo sino a mi gente.Y no estaba allí para ayudar. Eso era lo que me angustiaba.

    Después de esta fase “Freudiana” que acabo de esperimentar solo puedo decirte que solo es lo que creo por mi propia experiencia, qué opinas tú? Y si me he acercado no te preocupes, son rachas e igual que vienen, se van. Un saludo

  2. teniente d'hubert permalink
    Viernes, 25 enero 2008 9:51 am

    Vaya, eso que cuentas lo he visto yo antes…
    http://es.wikipedia.org/wiki/Destino_Final
    De todas formas, recuérdame que nunca viaje contigo en avión

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