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Triste adiós a otro símbolo

Viernes, 1 febrero 2008

Llevo un par de días sin aparecer por este blog. Esta semana ando bastante liado y no pensaba escribir nada hasta mañana. Sin embargo, un comentario de D’hubert en una antigua entrada me obliga a dejar mis obligaciones más urgentes por unos minutos para expresar, de nuevo, mi mayor rabia e indignación por la pérdida de otro de los símbolos de Gran Canaria. Al final, no pudo soportar los efectos de los incendios del pasado verano y, en la noche del 29 al 30 de enero, el Pino de Pilancones se vino abajo.

La noticia de su caída ha ocupado hoy un lugar destacado las portadas impresas y digitales de los diarios grancanarios. Cuentan las crónicas que la causa final de su muerte fue un golpe de viento que el dañado tronco no pudo resistir. Sin embargo, no es cierto que sólo una ráfaga de aire más fuerte de lo normal haya acabado con un ejemplar de pino canario de más de 400 años y 47 metros de altura. Era, hasta hace dos días, el más alto de la Isla.

El 18 de agosto, poco después del incendio, el consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria declaró que el Pino de Pilancones no había sido afectado por el fuego. Sin embargo, ayer afirmaba que “desde el 23 de agosto se tenía constancia de que ‘el ciclo vital’ del Pino de Pilancones ‘concluía’ por efecto de los incendios y su longevidad”. Pero no se hizo nada para evitarlo.

Quisiera decir muchas cosas, pero sólo puedo pensar que ya nunca haré la caminata, desde Pilancones hasta Ayagaures, que quedó pendiente el pasado mes de mayo. Guardo un hermoso recuerdo de ese paraje y no quiero estropearlo. Hice esa ruta por primera vez en diciembre de 1992 y pasamos la noche acampados bajo el majestuoso pino. Por aquellos años su base presentaba ya los efectos de las hogueras prendidas en su base por algunos desaprensivos y que, sin duda, han contribuido a este fatal desenlace.

Recuerdo que habían protegido esa parte del tronco con una montaña de piedras. Recuerdo, también, que hicieron falta unas doce personas para abarcar el perímetro de su tronco y que resultaba casi imposible tomar una foto en la que apareciera completo.

Este verano, antes del incendio, nos topamos por casualidad una exposición fotográfica en el Mercado de la Puerta de Toledo. Recogía fotografías de árboles singulares. Como datos complementarios, ofrecía las características de cada uno de ellos (edad estimada, altura…) y su catalogación jurídica. Lo reconocí de lejos. Allí estaba, en todo su esplendor, el Pino de Pilancones. No me extrañó comprobar que su grado de protección era nulo. Por desgracia.

Hoy todo son lamentos. Algo me duele por dentro cuando veo las fotos o el vídeo de los restos del que fue uno de los símbolos naturales vivos más importantes de Gran Canaria. De nuevo, al igual que ocurrió con el Dedo de Dios, el viento acaba con lo que había comenzado el hombre. Quisiera decir muchas cosas, pero no encuentro palabras.

Triste, muy triste, me vuelvo a mis ocupaciones.

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2 comentarios leave one →
  1. Jueves, 24 noviembre 2011 7:51 pm

    Vaya, 550 años… Casi de la época de la conquista!

    http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=239770

Trackbacks

  1. ¿Phoenix Canariensis? Pues va a ser que no « Un canario en Madrid

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