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Madrugada en el infierno

Miércoles, 2 julio 2008

Llego a casa, tarde, cansado y sudoroso, tras un duro día de trabajo. Nada más abrir la puerta me recibe una bofetada de aire caliente que compite en grados con el abrasador aire que apenas se mueve en la calle. Maldigo el momento que ha escogido el aire acondicionado para averiarse.

Junio apenas acaba de concluir, pero el verano se ha presentado desde hace días en toda su intensidad. Y, lo que es peor, amenazando con no marcharse en muchos meses.

Abro las puertas que dan a la terraza y los ventanales de ésta. Entro en el dormitorio y hago lo propio con su ventana. Las cortinas no se mueven. A pesar de estar en un quinto -y último- piso, no corre la más mínima brisa. Da igual. Si el aire se moviera, sería aire caliente.

Toco los muebles, que en invierno son fríos como el granizo hasta que los radiadores comienzan a hacer su trabajo, y despiden tanto calor como el asfalto de mediodía que amenaza con derretir la goma de las suelas de mis playeras. La ropa, empapada en sudor, se pega a mi cuerpo como una segunda piel que oprime y asfixia.

Saco ropa limpia del ropero y quema en mis manos. El suelo, las paredes, la bañera, el lavamanos y hasta las toallas despiden calor por todas partes. Me ducho durante más tiempo del necesario con agua casi fría, pero da igual. Sigo sudando.

Aplastado por el calor, ceno sin ganas. Enciendo el ordenador, pero apenas cinco minutos después tengo que apagarlo, asustado por el ruido del ventilador y el calor que desprende el teclado, justo donde se encuentra la CPU. Cuando levanto el portátil, la mesa arde. Aburrido y casi deshidratado me voy a la cama. Las sábanas se pegan a mi cuerpo y el colchón se me antoja una parrilla de asar.

A las cinco de la mañana, al igual que las tres noches anteriores, vuelvo a despertarme envuelto por una atmósfera ardiente y empapado en sudor. Pienso, por un momento, que me encuentro en el infierno. Sin embargo, cuando me despejo y tomo conciencia de la realidad me doy cuenta de que no es así.

Tan sólo se trata de otra madrugada de verano en Madrid.

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3 comentarios leave one →
  1. Jacob permalink
    Jueves, 3 julio 2008 9:39 am

    Realmente me has transportado a esos días de calima asqueroso en Gran Canaria. Ese calor sofocante. Esos sudores…….

    Son las 9.30 de la mañana y de leerte me ha dado calor, coño.

    Espero que no te derritas mucho.

    Saludos

  2. Jueves, 3 julio 2008 10:30 am

    Jacob, siento haberte sofocado tan temprano. La diferencia del calor madrileño con la calima es que, mientras la calima no llega a durarnos una semana, este sofoco se queda sobre la ciudad meses y meses. Y, por otra parte, con la playa al lado se pasa mejor.

    Saludos y gracias por comentar.

  3. Jueves, 3 julio 2008 1:35 pm

    Fuaaaa….el calor de Madrid, seco, sin aire. Nunca las pasé más putas que en el concierto de los Stones del 82 en el Vicente Calderón, el día de la tormenta. Y en el 83 viendo a Supertramp en el campo del gas, que tenía aforo para 5.000 y metieron a 10.000. En alguna entrevista, Roger Hodgson dijo que todavía recordaba lo mal que lo había pasado el público aquel día, con una hora de espera entre el telonero (Chris de Burg) y la banda. Y hace un par de años, en agosto, en un apartamento de la plaza de castilla. Y encima comí una albahaca en mal estado y tuve que meterme en la cama, sin aire acondicionado ni hostias en vinagre.

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