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De amor y periodismo

Jueves, 27 noviembre 2008
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Hace meses que tengo un par de entradas a medias, esbozadas, pero que no me decido a terminar. Cada vez que pienso en sentarme a escribirlas, no paso de la reflexión previa. Siempre surge algo que me distrae y me impide plasmarlas en la pantalla del ordenador. Una de esas entradas es la que pensaba dedicar al libro de Juan Cruz Ruiz Muchas veces me pediste que te contara esos años.

Ya he comentado en alguna ocasión que a los escritos del periodista tinerfeño me une una relación de amor-odio. Hay ocasiones en que su prosa me subyuga y otras veces, en cambio, soy incapaz de soportarla. Por ello, sigo su blog de forma intermitente. Y por ello, nunca se me había ocurrido leer uno de sus libros.

Nunca hasta que, el pasado mes de junio, me lo encontré firmando ejemplares en El Retiro y recordé que mi amiga Eva me había interrogado acerca de Juan Cruz una semana antes, justo después de comprar el libro. Así que, aunque no lo había planeado –como me ocurre con casi todos los libros–, acabé haciendo lo propio.

Cuando comencé a leerlo, me pareció una obra difícil de catalogar. Aunque la contraportada lo define como una continuación de Ojalá octubre –su anterior obra–, en la que “el autor sale del entorno de su infancia para narrar qué ha ido hallando por el mundo”, Muchas veces me pediste que te contara esos años no es una autobiografía ni un libro de memorias. Si acaso, lo es de recuerdos, con lo que ello conlleva de maquillaje por la imaginación.

El libro comienza cuando el autor recibe la visita de un hombre al que no termina de reconocer, mientras se recupera de una dolorosa herida en un pie. A raíz de esa visita, comienza a intentar narrar qué ha ido hallando por el mundo. Sólo que lo hace de forma desordenada –cuenta sus recuerdos, no sus memorias–, dejándose llevar por interminables digresiones en multitud de ocasiones.

Cuenta también ese gran chivato –mentiroso la mayor parte de las veces– que es la contraportada que se trata de “un libro sobre el amor y el periodismo y el paso del tiempo”, escrito “con la fuerza de la melancolía”. En esta ocasión sí que tengo que coincidir con esa afirmación. Porque, en este caso, a medida que el libro avanza, su prosa se vuelve más evocadora y poética.

Imagino que a ello ayuda el hecho de que Cruz se dirija a un oyente –lector en este caso– que se me antoja variable e indefinido. Un lector –ese que muchas veces le pidió que le contara esos años– que en ocasiones parece ser su esposa (Pilar, a quien dedica el libro), pero que otras veces se me antoja, más que un monólogo, una charla del autor consigo mismo.

O lo que viene a ser lo mismo, su parte de periodista explicando a la que le reprocha una vida dedicada a una profesión apasionante –si es que realmente esa parte existe– “cómo se encontraron un día el amor y el periodismo”, que fue lo que me contó que explicaba el libro en su dedicatoria.

Porque, en el fondo, quien realmente siente el periodismo, quien lo vive en el sentido romántico de la profesión, lo acaba amando. Y quien ama el periodismo, ama la curiosidad, conocer cosas nuevas, lugares distintos, personas diferentes… Ama vivir, porque, en definitiva, ama la vida. E intenta vivirla intensamente.

Mi amiga Eva –Eva, como la hija de Juan Cruz–, que aún estaba leyendo el libro cuando yo lo acabé, lo definía como raro. Estoy de acuerdo, porque raro no tiene por qué ser un calificativo negativo. Cuando lo acabó, me dijo que no le había gustado nada. Aunque de esto hace ya más de tres meses, sigue manteniendo la misma opinión. Debe ser que está en la etapa en que se odia la prosa de Juan Cruz.

A mí, desde luego, cada vez me parece menos raro. Tanto que es posible que dentro de un par de años le conceda una segunda lectura. Igual averiguo quién insistió a Juan Cruz que le contara esos años. O descubro en qué momento nació el amor por el periodismo. El de Cruz y el mío.

Entretanto, tal vez sea el tiempo de Ojalá octubre.

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2 comentarios leave one →
  1. Wotan permalink
    Viernes, 28 noviembre 2008 4:00 pm

    Juan Cruz produce tanto sopor como Milan Kundera… ¡Ambos son insufribles! Si no fuera quién es, capitoste de Prisa, difícilmente veríamos sus libros publicados.

  2. Sábado, 29 noviembre 2008 12:08 am

    Hombre Wotan, yo no me atrevería a ser tan rotundo. Que tú los consideres insufrible es otra cosa. Será tu percepción de su forma de escribir y, como tal, absolutamente respetable.

    Pero de ahí a decir que jamás veríamos publicado un libro de Juan Cruz si no fuera un “capitoste” de Prisa (tampoco sé hasta qué punto se le puede considerar como tal), va un mundo. Si no vendiera libros, difícilmente podría publicar, ya que nadie estaría a perder dinero en él por muy “capitoste” que sea. Es más, es probable que empezara a publicar libros antes de serlo.

    Hay escritores cuyas obras son de difícil lectura, pero eso no quiere decir que sean malos escritores. Ni necesariamente lo contrario. 😉

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