Y la casa cayó sobre su cabeza
Hace un par de días, leía un artículo en Mangas Verdes sobre las que posiblemente podrían ser las diez muertes más estúpidas de la historia, algunas de ellas dignas de merecer un Premio Darwin. De todas ellas, una en particular me resultó tremendamente irónica.
Se trata de la del dramaturgo griego Esquilo, a quien «el oráculo le vaticinó que moriría aplastado por una casa, por lo que decidió residir fuera de la ciudad. Curiosa, y trágicamente, falleció al ser golpeado por el caparazón de una tortuga, que fue soltado por un quebrantahuesos desde el aire».
Porque, aunque intentó evitarlo, parece que el destino de Esquilo estaba escrito y la predicción del oráculo acabó cumpliéndose, ya que no podía ser de otra forma. Así, el griego murió aplastado por una casa, sólo que no era una construcción humana, sino la vivienda de un quelonio.
De ser cierta la historia, este hombre tuvo mucha mala suerte, ya que, tal y como decía Abraracúrcix, jefe de la irreductible aldea gala en la que vivía Astérix y que temía que el cielo fuera a desplomarse sobre sus cabezas, «eso no es algo que vaya a suceder mañana».
O, dicho de otro modo, con lo grande que es el cielo, tuvo la puntería de acertarle en la cabeza.


ESE SI QUE ESTABA SALADO…….JAJAJA LA VERDAD QUE MAL POR EL.