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“Cúnico” bancario

Viernes, 15 junio 2012

Esta mañana estuve en una oficina de El Banco. Esta frase en sí misma es casi noticia, ya que desde que dejé atrás mi vida como bancario, apenas he pisado una sucursal. Aunque ahora hago casi todas mis gestiones yo mismo, a través de Internet –lo que, en la práctica, viene a significar que sigo trabajando para El Banco pero sin que me paguen por ello–, hay determinadas operaciones para las que es requisito indispensable acudir a una oficina física.

Banca en apurosAsí que allí me tenían, un viernes de mitad de mes, a alrededor de la una de la tarde en una oficina en la que, entre pitos y flautas, pasé casi dos años y medio de mi vida. Aunque desde entonces, tanto la decoración como la mayor parte de la plantilla ya no son las mismas, hay cosas que nunca cambian y, sí, me tocó esperar.

Cuando, al fin, llegó mi turno, la excompañera que me atendía –una de los dos supervivientes de mi época– me confesaba que desde que se descubrió el “agujero” de Bankia y el Estado no tuvo más remedio que anunciar su nacionalización para evitar su quiebra, está “sufriendo” un goteo constante de nuevos clientes que llegan con sus nóminas y sus pequeños ahorros huyendo de la entidad, que se formó tras la fusión de CajaMadrid con otras seis entidades entre las que se encontraba La Caja de Canarias.

“En estas semanas he abierto más cuentas que en todo el año”, me aseguró justo después de que, mientras estaba atendiendo mi consulta, se acercara a su mesa uno de esos nuevos clientes para entregarle un papel.

A pesar de la nacionalización, del aval del Fondo de Garantía de Depósitos y del rescate –por mucho que el Gobierno se empeñe en decir que no es un rescate, sí que lo es– articulado por el Eurogrupo para las entidades en apuros, hay mucha desconfianza en determinadas entidades en particular y, por extensión, en el conjunto del sistema bancario español.

Precisamente hoy publico, entre otras cosas, un pequeño reportaje artículo en el quinto número del suplemento Tu Economía de La Razón (págs. 18 y 19), en el que se intenta responder a la pregunta de si las entidades españolas son seguras. Todas los expertos con los que hablé me aseguraron que, dentro de unos límites llamémosles normales, no hay que temer por nuestros ahorros. Según ellos, no hay motivos para el pánico. Sin embargo, por lo que me contaba esta antigua compañera, en la calle el mensaje no termina de calar.

Lo más probable es que no haya motivos para que “panda el cúnico”, pero ese pánico no deja de ser la reacción más lógica cuando cada día se escucha al menos una nueva noticia que invita a temer un poco más.

[La fotografía la encontré en Gurusblog]

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