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Escribir para nadie

domingo, 18 enero 2026
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Cuando empecé, hace ya casi diecinueve años –que se dice pronto–, a escribir esta bitácora lo hice sin más pretensiones que contar todos aquellos contrastes entre las cosas cotidianas de la vida en Canarias y Madrid que me llamaban la atención. Poco a poco, a medida que mis circunstancias vitales iban evolucionando –un regreso a Canarias, un retorno a Madrid, la vuelta a Canarias fruto de la crisis económica y laboral, nuevos retos vitales y profesionales…–, también fueron variando los temas que trataba, pero creo que siempre me mantuve fiel a la idea inicial de narrar todo aquello que me asombrara, que me llamara la atención, sin tener en cuenta si con ello lograría atraer a un gran número de lectores o, simplemente, escribiría para nadie.

Diario (Morguefile)Sin embargo, y a pesar de haber intentado retomar la regularidad que mantuvo esta bitácora durante sus primeros ocho o nueve años de vida en varias ocasiones, en los últimos diez u once años me ha costado mucho encontrar inspiración, tiempo o, simplemente ganas, para escribir. Paradójicamente, la última década ha sido, casi sin lugar a dudas, el periodo de mi vida en el que más textos he escrito. Sí, pero prácticamente todos por motivos profesionales. En casi diez años de trabajo en el periódico, además de coordinar la redacción, escribí cientos, si no miles, de noticias, reportajes, entrevistas y algún que otro artículo de opinión. Escribía, sí, pero pensando en los lectores; textos periodísticos que, por definición, son consumidos de forma inmediata para, apenas horas después de haber sido publicados –un par de días, con algo de suerte–, pasar a dormir el sueño de los justos en una hemeroteca que, paradójicamente y según me cuentan, acaba de desaparecer de la red.

Hace algo más de quince meses esa realidad cambió bruscamente. De la noche a la mañana, volvía a tener tiempo para escribir de lo que quisiera cuando quisiera y solo porque me apeteciera. Solo que no me apetecía. Algo en mi interior me lo impedía. Y me costó bastante tiempo darme cuenta de lo que me ocurría. Encontrar un trabajo que, aunque con fecha de caducidad desde su inicio, me recordó lo que ya sabía: que comunicar no solo es lo que siempre he querido hacer, sino que lo sé hacer bien, ayudó bastante, pero la fase de descompresión ha sido larga. Muy larga.

Han transcurrido ya varios meses desde que una sentencia certificó que mi salida del periódico se debió única y exclusivamente a una decisión personal de los nuevos administradores de la empresa editora y que en ello nada tuvo que ver un supuesto deterioro de mi desempeño profesional. Eso era algo que tanto yo mismo como todos aquellos que me conocen, aunque sea solo un poco, teníamos claro. Pero, aun siendo plenamente consciente de ello, hasta que un juez no lo dictaminó, negro sobre blanco, la forma en que la empresa se deshizo de mí seguía causándome un gran desasosiego que me impedía sentirme liberado y volver a escribir.

En las últimas semanas, sin embargo, y coincidiendo con la finalización de ese otro contrato laboral, algo ha empezado a cambiar. Las ganas de escribir han regresado. Tanto, que la posibilidad de que el intento de recuperar esta bitácora llegue a buen puerto se antoja, esta vez sí, mucho más factible, a poco que regrese la inspiración. Con suerte, este enésimo intento puede, incluso, convertirse en un ejercicio de estilo continuado, una especie de calentamiento previo –y espero que simultáneo– al retorno a la escritura de la novela, cuyo manuscrito, inconcluso pero avanzado, he comenzado a releer también estos días.

Quizá pueda pensarse que, en una época en la que lo audiovisual domina en internet y las redes sociales en nada se parecen a las que prácticamente nacían a la vez que esta bitácora, es absurdo intentar revivir un blog que acumula casi mil quinientas entradas –con centenares de enlaces rotos de pura vejez– y en el que es la palabra escrita la que manda. Que eso no ayuda a la hora de posicionarse en los buscadores y que no conseguiré que me lea nadie. Posiblemente sea verdad, pero es que justo eso es lo que necesito ahora. Regresar al principio y escribir para nadie. O, mejor dicho, escribir para mí. Con la esperanza, sí, pero sin la pretensión de que nadie te lea.

Volver a convertir esta bitácora en una especie de versión digital de los diarios de toda la vida. Porque, en el fondo, eso fueron siempre los blogs personales personalísimos –de autor, se llamarían hoy– desde su nacimiento. Sobre todo cuando, en entradas como esta, te desnudas si no demasiado, sí mucho más de lo que te gustaría. Aunque, por suerte, no siempre hay que llegar a ese nivel para abrir esa válvula de escape que para mí es la escritura. Porque en estos momentos lo que necesito es volver a escribir por escribir. Aunque todavía me duela. Y aunque sea para nadie.

[Fotografía de ppdigital/Morguefile]

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