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El Cantábrico no es como mi mar

Domingo, 23 septiembre 2007

Nunca había pasado tanto tiempo sin ver el mar. El pasado viernes, cuando aterricé en la Isla, se cumplían cuatro meses y medio desde que estuve, cara a cara, frente a mi Atlántico por última vez. Es cierto que el domingo pasado visité varios pueblos de la costa asturiana, pero no es lo mismo. Aunque forme parte del Atlántico y yo sea del norte de la Isla, el Cantábrico no es como mi mar.

Como ya conté hace unos días, el fin de semana pasado lo pasé en Asturias. El sábado lo dediqué a callejear por Oviedo, durante el día, y a tratar de hacerlo por la noche. Sin embargo, había calles por las que, literalmente, no se podía caminar. Así que acabamos en El Duende, un pequeño local en el que, sobre todo, pinchaban música de los ochenta y primeros noventa. No sé si estará especialmente de moda, pero es un tipo de música que me persigue últimamente. Algo que, por otro lado, agradezco.

El domingo, salimos con el padre de Paula a dar una vuelta por algunos pueblos de la costa. Estuvimos, entre otros, en Vega, una  playa cercana a Ribadesella, y en la playa de La Griega, famosa por albergar unas huellas de dinosaurios.

Playa asturianaLas playas asturianas no son como las de aquí. En ellas, la vegetación, el prao, lucha por comer terreno a la arena y llegar hasta el mar. Además, puedes encontrarte la desembocadura de cualquier riachuelo cortando la playa en dos.

De mi anterior visita a Asturias ya conocía el Mar Cantábrico. Y no es como el nuestro; tiene un color más grisáceo y desprende un olor penetrante. Es algo así como el olor que queda cuando la marea llena Las Canteras de algas rojas, pero multiplicado por tres. Además, el ruido es constante. Aquí, la marea hace un ruido que viene y va, con las olas. Sin embargo, en el Cantábrico el ruido jamás se va. Es un ronroneo constante, haya olas o esté la mar en calma. Pero es mar.

Ahora entiendo a Paula cuando dice que, salvo cuando hay mar de fondo y las olas golpean fuerte más allá de la Cícer y el Auditorio, el nuestro Atlántico no huele a mar. De la misma forma, para mi, su cantábrico no es como mi mar, con ese rumor de olas que vienen y van y que, después de casi cinco meses, vaya que si se echan de menos.

Costa Asturiana

Una palmera –en el centro de la foto– sobresale entre el resto de la vegetación, en Lastres, pese a no ser una planta típica del lugar. Los emigrantes adinerados que volvían de América solían construirse en los pueblos de la costa asturiana casas de estilo colonial, como las que habitaban en Cuba o Venezuela, en cuyos jardines plantaban palmeras que habían traído consigo. Eran las llamadas casas de indianos.

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2 comentarios leave one →
  1. teniente d'hubert permalink
    Sábado, 29 septiembre 2007 4:41 pm

    La Griega, amigo, Playa de La Griega… http://playas.orienteasturias.com/playaslagriega.html
    En cuanto a Vega y para el que tenga interés…
    http://playas.orienteasturias.com/playasvega.html

  2. Sábado, 29 septiembre 2007 5:06 pm

    La Griega, las griegas… error de transcripción. Es que ya no dejan pasar ni una. Ya está corregido. 😉

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