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Primera aproximación al ‘nuevo’ Museo del Prado

Viernes, 2 noviembre 2007

Este mediodía he tenido la suerte de visitar el último centro comercial que se ha inaugurado en Madrid. Debía haber unas grandes ofertas por la apertura, porque era casi imposible andar por las amplias salas del edificio y las escaleras –tanto las mecánicas como las otras– parecían las del metro en hora punta. Sólo que no era un centro comercial, sino la recién inaugurada ampliación del Museo del Prado.

Cartel Puertas abiertasPara celebrar la entrada en funcionamiento del edificio proyectado por el prestigioso arquitecto Rafael Moneo, la institución ha decidido celebrar unas jornadas de puertas abiertas hasta el próximo domingo, que coinciden con el puente de Todos los Santos, por lo que la afluencia de público está resultando más que masiva.

En un intento de evitar tener que hacer demasiada cola, decidí aprovechar el día de puente para visitar el museo. Al ser un día laborable, debería haber algo menos de gente. También tuve en cuenta la hora: las dos de la tarde. Y la puerta, porque mientras que en la Puerta de Velázquez y la nueva Puerta de los Jerónimos los visitantes soportaban una espera casi interminable, en la Puerta de Murillo apenas tuve que hacer quince minutos de cola.

Una vez dentro del edificio, hay que dirigirse hacia el centro del mismo, para pasar a la nueva edificación. La transición entre ambas construcciones es muy suave, tanto que quien no conozca el edificio Villanueva apenas la notará. Cuando uno quiere darse cuenta, el pasillo se abre en el amplio y luminoso hall de la nueva construcción. Junto al mostrador de información, encontramos una inmensa tienda y la no menos grande cafetería.

Hall de la ampliaciónEl nuevo edificio, que también acoge servicios administrativos y educativos del Museo, se divide en tres grandes plantas. Las dos inferiores albergan cuatro amplias salas de exposición, mientras que en el nivel superior se asienta el restaurado claustro del convento de los Jerónimos. El centro de esta última sala se ha convertido en un gran lucernario que dota de luz natural a las dos plantas inferiores.

El conjunto arquitectónico diseñado por Moneo conjuga modernidad y funcionalidad –las escaleras mecánicas– y, gracias a su sobriedad y algunos detalles como los pisos de madera, no choca con el antiguo edificio, sino que ambos se integran, formando un único todo, como dos piezas de un nuevo ente, cuyo punto de unión es ya difícil de señalar.

La inauguración de la ampliación ha servido al Museo para saldar su deuda con la pintura española del siglo XIX. Hasta el próximo 20 de abril, podrá visitarse una parte de los fondos de la pinacoteca que, tras muchos años, ha sido rescatada de sus almacenes. Cuadros de Fortuny, Madrazo, Beruete o Sorolla ven, de nuevo, la luz en el edificio de Moneo.

La única sala en que se podía caminar con cierta libertad de movimientos, ya que, por motivos de conservación de las obras, el acceso era controlado, acoge otra exposición temporal, bajo el nombre de Goya. El toro mariposa. El vuelo, la diversión y la risa. Celebra la adquisición, en 2006, del grabado El toro mariposa y se compone de 28 dibujos, pertenecientes a varias series que el pintor realizó en sus últimos años de vida. Puede ser visitada hasta el próximo 3 de febrero.

A pesar de que la gran cantidad de gente que abarrotaba el Museo dificultaba el poder observar los cuadros, creo que la visita de hoy ha merecido la pena. No es lo mismo ver obras como Aún dicen que el pescado es caro o Niños en la playa en un libro que al natural. Y hoy lo hice por primera vez.

Quizás por eso, antes de marcharme quise hacer mi obligada visita a la obra de Hieronymus van Aken, El Bosco, El Jardín de las Delicias. Siempre me he sentido atraído por ese tríptico, al que le tengo echado el ojo desde hace un par de años, en forma de puzzle de 18.000 piezas. Nunca he podido visitar el Prado y no contemplarlo, absorto, durante unos minutos. Es una pintura que turba y atrae, con sus figuras casi surrealistas. Por eso me alegré cuando vi que el cartel que invita a visitar el museo es un detalle del mismo.

Satisfecho por mi primera aproximación al renovado Museo del Prado, me marcho a comer, bien pasadas las cuatro de la tarde. Afuera, la cola de gente es ya interminable. Me voy contento porque sé que, por fortuna, cuando las jornadas de puertas abiertas acaben, podré disfrutar de verdad, sin gente y sin agobios, de la exposición. Y de El Jardín de las Delicias.

Cola en la Puerta de Murillo

Parte de la cola de gente que, a las cuatro y media de la tarde, esperaba para entrar al Museo por la puerta de Murillo. Debajo, aspecto de la Puerta de Velázquez, entrada principal del Museo y que se recupera tras la ampliación, a la misma hora.

Puerta de Velázquez

3 comentarios leave one →
  1. Sábado, 3 noviembre 2007 6:30 am

    Muy bueno todo tu reportaje. Ya lo citaré en algun articulo futuro. Saludos desde Venezuela.

  2. Sábado, 3 noviembre 2007 1:42 pm

    Gracias, Isabel. Me alegro de que te haya gustado el artículo. Nos seguiremos leyendo.

    Saludos.

Trackbacks

  1. Museo del Prado estrena ampliación « Óleos y Música

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