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Pon un famoso en tu vida (III): En la parada de la guagua

jueves, 1 noviembre 2007

Durante el verano, gracias a mi trabajo en el periódico, pude codearme con presidentes, consejeros delegados y directores generales de las entidades bancarias y compañías aseguradoras más importantes de este país. En alguna rueda de prensa, incluso, coincidí con un Secretario de Estado. Posiblemente, se trata de algunas de las personas con más poder de este país, pero no son famosos. A los famosos de verdad te los encuentras en cualquier esquina. Que fue, precisamente, lo que me pasó ayer.

El reloj de la parada de la EMT de la plaza de San Juan de la Cruz, en pleno Paseo de la Castellana, marcaba las siete menos veinte de la tarde del 31 de octubre. Para las fechas en que nos encontramos, no hacía demasiado frío: 14 grados. En el cuadro con los horarios puedo leer que la frecuencia de paso de la línea que espero es de entre seis y diez minutos. Sin embargo, llevo casi un cuarto de hora esperando.

Varias personas que llegaron después que yo ya han cogido sus guaguas. Por un momento, pienso en coger la línea 27, pero no me apetece caminar los 500 metros desde la parada hasta mi destino, así que sigo esperando. Junto a mí, una pareja de cierta edad se queja de la tardanza y, al otro lado, una chica con un abrigo blanco mira impaciente su reloj. Por la derecha llega un señor mayor. El pañuelo de seda de vistosos colores que lleva anudado al cuello, a modo de corbata, llama mi atención. Lo cierto es que luce como un galán de una película española de los años sesenta. Aunque, probablemente, él nunca fuera el galán.

La pareja que antes se quejaba lo mira y cuchichea entre si. Imagino que se dicen que es José Luis López Vázquez. Cuando lleva casi cinco minutos esperando, una señora probablemente de su edad, y que estaba al otro lado de la larga marquesina, se acerca, lo agarra del brazo y le dice que nunca había estado tan cerca de alguien tan grande. López Vázquez le contesta algo que no consigo escuchar. La chica del abrigo me mira y sonríe. Yo también sonrío. La pareja vuelve a quejarse de lo que tarda la guagua.

Son casi las siete menos cinco. Más allá del cruce se acercan varias guaguas. Ahora el termómetro marca 13 grados. La primera vuelve a ser la 27. Le sigue la 150. José Luis López Vázquez, la señora que lo abordó y el que debe ser su marido suben en ella. Yo espero la 14. Lástima. Me habría gustado saber adónde iba.

Pasa otra vez la 27. La 14 sigue sin pasar. El hombre de la pareja comenta, ahora en voz alta, que escuchó en algún sitio que López Vázquez vivía por allí. Se acercan más guaguas. Esta vez puedo ver el número 14 en una de ellas. Menos mal. El frío empezaba a molestarme. La pareja, la chica y yo abandonamos, por fin, la marquesina en la que, una tarde, nos encontramos con José Luis López Vázquez.

2 comentarios leave one →
  1. teniente d'hubert permalink
    viernes, 2 noviembre 2007 8:57 am

    Por un momento pensé que te ibas a referir a algún » gran hermano » o a cualquier otro personaje tomatero… que también ellos son famosos aunque no se sepa muy bien porqué.

  2. viernes, 2 noviembre 2007 11:14 am

    Hombre, esos personajes populares, porque yo no los considero famosos, donde abundan es en Barajas.

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