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Los peligros del doblaje

Domingo, 17 agosto 2008

El escándalo del Watergate puso de manifiesto la importancia de la prensa y, en concreto, del periodismo de investigación, a la hora de ejercer el papel de cuarto poder que muchos le han adjudicado a lo largo de la historia.

Durante más de treinta años, la investigación de dos simples redactores de, por aquel entonces, un modesto periódico, ha sido el mayor ejemplo de cómo los medios de comunicación pueden acabar con un gobierno corrupto. Los nombres de Carl Bernstein, Bob Woodward y The Washington Post son ya sinónimos de cómo un trabajo serio, honrado y constante acaba sacando la verdad a la luz.

Woodward y Bernstein, dos hombres que al principio no se llevaban nada bien, formaron un equipo que acabó escribiendo una página en la historia de los Estados Unidos y del periodismo mundial. En 1974, con el escándalo aún caliente, escribieron un libro [en] en el que narraban su experiencia. Se tituló Todos los hombres del presidente.

Apenas dos años después, Robert Redford y Dustin Hoffman se convirtieron en Woodward y Bernstein, respectivamente, en la película que lleva el mismo nombre. Durante meses los actores se convirtieron en la sombra de los reporteros; visitaron la redacción del periódico en numerosas ocasiones y hablaron con muchos de los que habían vivido el desarrollo de la investigación en primera persona. La obsesión de Redford, productor del film, era rodar una película que fuese lo más fiel posible a la realidad.

Tal fue el nivel de detallismo que, cuando renunciaron a rodar en la redacción del Post, construyeron una réplica exacta en los estudios de la Warner en California. No se contentaron con copiar la redacción, sino que utilizaron la basura real del periódico para llenar las papeleras del decorado.

El resultado es una película seria, llena de contrastes en la que el director Alan J. Pakula consigue recrear el ambiente de una larga, aburrida y, sin embargo, peligrosa investigación sobre uno de los mayores escándalos políticos de la historia de los Estados Unidos, con unos juegos de luces y sombras -desde la fría luz fluorescente de la redacción, hasta la agobiante oscuridad del aparcamiento subterráneo- que consiguen transmitir la tensión de los protagonistas a los espectadores.

Porque, a pesar de que en determinados momentos se corre el riesgo de que la investigación, repetitiva y aburrida, acabe cansando al espectador, los aproximadamente 138 minutos de la cinta -en su versión original- no llegan a convertirse en tediosos.

Quizá el intento de no aburrir sea el mayor error de la película, ya que parece provocar un final en el que la progresiva caída de los implicados en el Watergate acaba siendo narrada a través de los titulares del periódico, si bien es cierto que la historia cubre toda la investigación y esa etapa no es sino su consecuencia natural.

Sin embargo, sí que hay que destacar un aspecto negativo que se pone de manifiesto en la edición en DVD lanzada en 2006. En ella, en ocasiones las voces de los personajes cambian del castellano estándar peninsular, al característico acento de los doblajes latinoamericanos, lo que vuelve una tortura el seguimiento de la cinta.

Al investigar un poco, es fácil descubrir que el metraje de la versión estrenada en España es de sólo 125 minutos. Son, por tanto, más o menos 13 los minutos de escenas suprimidas que se van intercalando en la trama, para desesperación de sus espectadores. A pesar de tener grandes detractores, la industria del doblaje en España destaca, en general, por su calidad, por lo que choca que a la hora de lanzar la cinta con su metraje original no se llevase a cabo su redoblaje.

Afortunadamente, la tecnología permite disfrutarla en versión original subtitulada.

Más información sobre Todos los hombres del presidente en Film Affinity, IMDB y Wikipedia (en inglés y en español).

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One Comment leave one →
  1. Marta permalink
    Lunes, 18 agosto 2008 7:08 am

    Habrá que verla….saludos

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