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Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (II): No podemos olvidar

Martes, 25 mayo 2010

Tras el sonoro fracaso cosechado por Remedios Amaya que comentamos ayer, el resto de las actuaciones españolas en Eurovisión durante las dos últimas décadas del pasado siglo transcurrieron entre lo decepcionante y lo discreto, con alguna que otra excepción. Hasta que en 1999, llegó Lydia, dispuesta a triunfar con No quiero escuchar. Y, a la vista del resultado cosechado, parece que, en efecto, nadie la escuchó.

En el penúltimo año del siglo XX, para celebrar su XLIV edición, el Festival de la canción de Eurovisión se trasladó hasta Jerusalén, después de la victoria no exenta de polémica de la transexual Dana Internacional con el tema Diva en la edición de 1998, celebrada en el Reino Unido.

Para representar a España en la primera ocasión en la que el certamen prescindía de la orquesta en su escenario, Televisión Española escogió a Lydia, una jovencísima cantante que había obtenido cierta popularidad unos años antes con un tema de y para adolescentes. Y, tal vez por su poca edad –apenas contaba con 19 años–, le acabó ocurriendo lo que le ocurrió cuando salió al escenario.

Porque el impacto visual causado por un vestido que llevaba la inconfundible firma de Agatha Ruiz de la Prada –y si no la llevaba, estaba sacado de la colección de imitación del chino de su barrio– provocó que ningún espectador –salvo Turquía, Irlanda y Bosnia-Herzegovina, que votaron con jurado profesional, el resto de países lo hizo a través del voto telefónico– prestase atención a la canción que interpretaba. Y, así, claro, es normal que acabara en la vigésimo tercera posición –la última–, con el único consuelo de un solitario punto otorgado por Croacia, seguramente porque hacía poco que se había incorporado al concurso y sus habitantes no sabían muy bien de qué iba.

En realidad, sería injusto echarle toda la culpa al vestido, que, aparte de feo con ganas, le sentaba fatal –dicho sea de paso–, ya que la canción tampoco ayudaba demasiado. En fin, otro fracaso más que sumar a la lista de los cantantes españoles que han acudido a Eurovisión.

Por suerte, la intérprete madrileña pudo recuperarse de este batacazo y desde 2008 es la voz de Presuntos implicados, en sustitución de Sole Giménez. Los que la vimos actuar en Eurovisión, en cambio, no hemos podido olvidarnos de su traje. Y mira que lo hemos intentado.

Lydia, No quiero escuchar, 1999.

La serie al completo:

Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (I): A la deriva nos llevan.
Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (II): No podemos olvidar.
Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (III): La noche no fue para ti.
Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (IV): Los cuartos por la cola.
Un nuevo vistazo al papel de España en Eurovisión (y V): En franca decadencia.

Más información sobre las participaciones de España en Eurovisión, en Wikipedia.

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