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Miradas esquivas, miradas furtivas

Martes, 24 julio 2007

Cuando la gente viaja sola en el metro, adopta una actitud rara. Sobre todo si es hora punta y uno va o viene del trabajo. Para empezar, casi nadie habla con nadie. Todo el mundo va a lo suyo, sin prestar atención a nada de lo que ocurre a su alrededor. O, quizá, es la ciudad la que va haciendo a la gente cada vez más individualista.

La mayoría de la gente va leyendo un libro, algún gratuito, una revista o el plano de la línea 5, pegado encima de la puerta del vagón. Otra opción es escuchar el mp3 o dedicarse a jugar con las opciones del móvil hasta llegar a la estación de destino.

Por eso, ser de naturaleza observadora puede resultar un poco incómodo. De vez en cuando, se ve a la gente lanzando miradas furtivas a sus compañeros de viaje. Cuando dos ojos, en su recorrido de reconocimiento se encuentran, instantáneamente se vuelven hacia el suelo. Nunca se mantienen las miradas. Sin embargo, si no se produce ese encuentro casual, hay tiempo para imaginar la historia que se esconde tras cada uno de los pasajeros del tren.

También existe quien mira insistentemente a una persona, de una forma casi lasciva. Son miradas más propias de una discoteca, que de un vagón de metro. Casi pueden llegar a asustar. Si su mirada se cruza con otra, salvo que busque pelea, instantáneamente, bajará.

Normalmente son miradas cortas, huidizas, temerosas de encontrar respuesta en otros ojos. Son miradas que denotan sueño, soledad, agobio, a veces desesperación. Supongo que por eso nadie sostiene la mirada. Personalmente, creo que es a causa del propio transporte: subterráneo, caluroso, con pocos asientos, incómodo… Porque en otros vehículos, una mirada que se encuentra con otra, se suele responder con un gesto o una sonrisa, sin que eso signifique nada más que eso. Sin embargo, mirar a los demás, en el metro tiene algo de sucio, como el propio transporte. Aunque no lo sea, ni lo uno, ni lo otro.

El metro es un transporte aburrido. La ausencia de paisaje, unida a la poca variedad de la decoración interior de los vehículos –visto uno, vistos todos–, aburren enseguida. Y uno, probablemente, acaba odiando tener que llevar gafas, ya que le impiden refugiarse tras la impunidad de unas gafas de sol que, por otro lado, no usaría dentro del metro. Y, claro, se acaba añorando ver discurrir velozmente la ciudad tras la ventana de una guagua. Mejor si la cuidad, además, tiene mar.

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5 comentarios leave one →
  1. baskerbill permalink
    Miércoles, 25 julio 2007 9:06 am

    Tienes toda la razón. Es un transporte rápido, cómodo y eficaz, pero aburrido, oscuro y triste. Aunque a la postre tanto en autobús como en metro cada uno vaya a la suya y se encierre en sus pensamientos (esas miradas perdidas a la nada), al bus el estar “al aire libre” le da vidilla.

  2. teniente D'Hubert permalink
    Jueves, 26 julio 2007 9:04 am

    el aburrimiento se compensa sin duda con la rapidez y puntualidad del medio; viajar en guagua por LPGC es una auténtica tortura: faltan carriles exclusivos para el transporte colectivo, otros vehículos estacionan en las paradas… a todo ello hay que sumar el tráfico desquiciado que soportamos. alguién planteó un día la posibilidad de construir un metro en LPGC, pero aunque fuera factible resultaría sin duda excesivamente caro. Pienso que lo mejor sería recuperar el tranvía… como se ha hecho en Tenerife: un medio de transporte ecológico, rápido, puntual y… ” en superficie ” .

  3. Viernes, 27 julio 2007 10:05 am

    Lo del transporte en Las Palmas (de G.C.), ¿me lo dices o me lo cuentas? No creo que tenga que recordarte que lo hemos sufrido juntos. Una solución factible podría ser la instalación de lo que en Madrid han llamado el “Metro Ligero”. Tiene una estética muy similar al tranvía de Tenerife y discurre bajo tierra o en superficie, en función de la orografía del terreno. Ayer, sin ir más lejos, pude verlo en la parada que tiene delante de “Ciudad Botín”, en Boadilla del Monte.

    De cualquier forma, te enlazo una página muy interesante sobre la posible implantación de este medio de transporte en Gran Canaria. Otra cosa es que pueda ser factible o no.

    ¡Ah! Aprovecho para decir que no me he olvidado de Un canario en Madrid, pero estos tres últimos días han sido una locura. Tengo cuatro artículos pendientes y uno escrito desde el miércoles. A ver si este fin de semana tengo tiempo y me pongo a ello…

  4. teniente D'Hubert permalink
    Viernes, 27 julio 2007 11:11 am

    Hoy día, que existe gran preocupación por el tema medioambiental, me permite creer que la implantación en GC del transporte ferroviario ( llámese tranvía o metro ligero ) contribuiría a reducir la polución en nuestras calles a la vez que permitiría una circulación mas ordenada del tráfico y la consiguiente ganancia en rapidez, comodidad y eficacia del transporte colectivo. De todas formas hoy día tales proyectos parecen más bien unas quimeras a falta de verdadera voluntad política.

  5. Viernes, 27 julio 2007 3:53 pm

    ¡Huy! Que aún no habían inaugurado el Metro Ligero y ya se escoñó. Y encima Espe dice que le parece que hace mucho ruido. Yo, que lo vi pasar, creo que no. Más bien no hace ruido. De ahí las campanillas.

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