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¿Se me estará pasando el arroz?

Jueves, 8 noviembre 2007

En el preciso instante en que fui consciente de lo que voy a relatar hoy, supe que, por mucho que me resistiese, no iba a poder dejar de escribir acerca de ello. En ese mismo momento, también comprendí que, probablemente, me iba a arrepentir, pero sabía que ya no me quedaba otra opción.

Siempre, y en contra de lo que pueda parecer, he sido una persona bastante independiente y, por lo general, me encuentro muy cómodo así. Considero que no es lo mismo estar -físicamente- solo, que encontrarse solo ni, mucho menos, la soledad. Eso no quiere decir que haya renunciado a otro tipo de estado, sino que no lo voy buscando a la desesperada. Estoy convencido de que cuando tenga que llegar, llegará.

Sin embargo, hace unos días, mientras andaba por la calle de camino al supermercado, me descubrí mirando con cierta envidia a una pareja de, más o menos, mi edad, que paseaba con un niño de apenas un año y medio. En ese momento pensé en mi primo, catorce días menor que yo, casado desde hace varios años y con una niña de tres años y medio.

Pero a eso tengo que sumar que una pareja amiga me comentaba hace muy poco que estaban planteándose pasar por la vicaría y tener algún hijo antes de que se les pasara el arroz. Si lo pienso detenidamente, muchas de las personas con las que estudié, tanto en el instituto como en la universidad, ya están casadas y tienen algún hijo. Incluso, algunos de los amigos de mi hermano se han casado ya. ¡Y tiene tres años menos que yo!

Igual es que ya me voy acercando peligrosamente a la treintena y también empiezo a pensar que, a lo mejor, se me va empezar a pasar el arroz. O, simplemente, es que he empezado a ver en la Sexta la serie Cómo conocí a vuestra madre, en la que un arquitecto cuenta a sus hijos adolescentes cómo, con 27 años, empezó una carrera desesperada, cuya meta era conocer a su futura esposa. Se trata de una comedia, muy recomendable, a la que la crítica ya ha bautizado como la sustituta natural de Friends.

Que, de haber sido traducida al canario, la serie se titularía Cómo conocí a la madre de ustedes, digo yo.

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3 comentarios leave one →
  1. el marqués de Anaon permalink
    Viernes, 9 noviembre 2007 9:33 am

    Sí, te entiendo y creo que es algo que ocurre a cierta edad: a unos a los veintipocos, a otros a los treintaymuchos… A mí, me ocurrió este verano: en nuestro entorno hay muchas parejas con hijos y, un día, me desperté con la sensación de que yo también quería tener uno.

  2. Millaquito permalink
    Viernes, 9 noviembre 2007 5:54 pm

    ¡Qué fuerte! Es verdad que a veces cuando vez un renacuajo que no es tuyo y estás un ratito haciendo monerías te dan ganas de tener uno propio, para jugar con él o ella cuando quieras. Pero luego se te pasa. Así que piénsenlo bien porque no son para un rato, sino para toda la vida. Porque luego crecen y van al instituto y los tienen que aguantar los profes y se estresan y piden bajas y las bajas las pagamos todos…
    Pues eso, que es como un deportivo, lo ves y quieres conducirlo un rato, pero si lo tienes te preocupas por el consumo, por si te lo rayan o roban, por el mantenimiento…

  3. Cachón permalink
    Martes, 20 noviembre 2007 7:28 pm

    No te preocupes que no se te va a pasar el arroz, pues como dice el dicho : “Todo se hereda.” Tu padre también se casó después de los 30 y de sobras sabes el resultado.

    Un beso.

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