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¡Ay, mi pobre corazón!

Jueves, 13 octubre 2011

En vista del éxito en lo que respecta al número de visitas que han tenido las dos últimas entradas de esta bitácora, no me resisto a cerrar la trilogía de cantantes llegadas de Italia (ya sé que Heather Parisi es californiana, pero ha desarrollado la mayor parte de su carrera en los dominios televisivos de Berlusconi) para revolucionar al público masculino español, con otra de las importaciones de Telecinco, cuando la pantalla amiga era el coto privado de las Mama Chicho y las Cacao Maravillao.

Para ello, tenemos que remontarnos a comienzos de los años 90 del pasado siglo, cuando las televisiones privadas arrancaban su andadura y Emilio Aragón arrasaba cada domingo con Vip Noche, un interminable programa que mezclaba concurso y variedades que supuso el descubrimiento por parte del gran público de Belén Rueda, copresentadora del mismo.

Junto a ellos, como si de una Rafaella Carrá de segunda categoría se tratara, y siempre enseñando más cachas –tal vez para suplir sus carencias con respecto a la auténtica Rafaella–, Carmen Russo pasó más de sesenta programas cantando a unos sorprendidos españoles cómo su corazón no dejaba de hacer “bum” cada vez que veía pasar a su amor, mientras a la mitad (masculina) de la enorme audiencia del programa se le caía la baba.

Sin embargo, a comienzos de 1992 fue sustituida por una jovencísima y desconocida Thalía, que aún no soñaba con que un día se convertiría en la reina del culebrón mexicano. Y de Carmen Russo no supimos nada más en España, hasta que en 2006, de nuevo en Telecinco, se impuso al resto de participantes en una edición de Supervivientes, en lo que supuso un retorno totalmente prescindible para todos aquellos que quince años antes habían visto cómo sus pobres corazones hacían “bum-bum” cada domingo por la noche.

Y, si después de ver el vídeo que sigue no sabes por qué el corazón hacía “bum-bum”, mejor no preguntes. Es, al igual que el incidente Sabrina, una escena que había que vivir en su momento. Veinte años después, mucho me temo, nadie te lo va a saber explicar.

Carmen Russo, Boom boom, 1991.

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