Frase de la semana
"Si estás atravesando un infierno, sigue andando"
Winston Churchill
Apatía estival
Creo que estoy empezando a preocuparme. Siempre he utilizado este blog como una vía de escape, en la que expresar lo que me sugería casi cualquier cosa que veía. Incluso cuando más trabajo he tenido, siempre he encontrado un hueco –robado a las horas de sueño, la mayor parte de las veces– para contar lo que me apetecía. Hasta ahora.
Crisis de agosto
Tradicionalmente, agosto es un mes de sequía informativa, en el que los periódicos adelgazan drásticamente el número de sus páginas y los informativos de televisión completan sus minutos de rigor a base de presuntas noticias que en realidad no son noticia.
El regreso de Carlos Cay
Me pasé casi todo el mes de julio esperando que llegara agosto sólo por volver a leer sus desventuras. Aunque el arranque de esta tercera temporada no termina de engancharme, con un poco de suerte los próximos 28 días encontraré un motivo para levantarme de la cama y enfrentarme a un Madrid infernal con una sonrisa agridulce en la cara.
Carlos Cay ha vuelto. Y espero que, como en los dos años anteriores y aunque en esta ocasión no se cague estrictamente en sus viejos, no deje indiferente a casi nadie. Eso supondrá que vuelve a merecer la pena.
[La ilustración de Carlos Estrada la saqué de la columna de ayer]
A bordo de un A380
Esta semana que ya agoniza estuve en Múnich durante unas pocas horas. O, casi mejor, debería decir que estuve en su aeropuerto, ya que desde que aterrizamos, en torno a las ocho y media de la tarde del martes, hasta que volvimos a despegar, el miércoles a las 19:10, no me alejé del recinto aeroportuario ni para ir al hotel. Al menos por tierra.
Sigo vivo
A pesar de que esta calurosa semana que ya acaba ha resultado especialmente dura, sigo vivo y con muchas cosas que contar. He vuelto. Y, a juzgar por el vídeo que acompaña a estas líneas, más friki que nunca.
Raúl, Sigo vivo, 2003.
Agua embotellada
Me ha llamado la atención ver cómo en las últimas semanas vuelve a hablarse sobre el negocio del agua embotellada y su sostenibilidad medioambiental, ya sea a través de cadenas de correos electrónicos, menciones en Twitter, artículos en periódicos o, incluso, una interesante reflexión a cargo de Guillermo Fesser a cien millas de Manhattan.
Se me acumulan los temas
Últimamente se me acumulan los temas de los que quiero escribir. Algunos, incluso, se me caducan en la nevera, esperando la oportuna cocción. Pero, entre el calor, el lío permanente en el que vive la economía de este país o las actividades –planeadas o no– que me están surgiendo estas últimas semanas –acabo de llegar de ver la última función de la temporada de 40 el musical y la semana pasada hice lo propio con Chicago–, apenas tengo tiempo ni fuerzas suficientes para sentarme a escribir.
Controladores aéreos militares, o de juntar y separar aviones
Ya saben que no me gusta nada escribir en esta bitácora acerca de los mismos temas que en el periódico. Sin embargo, con la que se montó ayer después de que el ministro de Fomento anunciara su intención de emplear controladores militares en los aeropuertos civiles “de forma excepcional” y el posterior debate acerca de la cualificación de este colectivo, me quedó cierto resquemor por no haber explicado como me habría gustado cuál es el trabajo habitual de un controlador militar.
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Rutina interrumpida
A estas alturas de la película, creo que no tiene sentido negarlo. Soy una persona de rutinas y, con demasiada frecuencia, me molesta que me las interrumpan. Sin embargo, tengo que reconocer que estos días de calor asfixiante, hasta agradezco que la presencia de mi hermano y mi primo en casa me impida dedicar un par de horas de la noche a navegar por la red y escribir unas cuantas tonterías en esta bitácora.
Ya tendré tiempo de derretirme ante la pantalla del ordenador cuando se vayan.
Incoherencias
Madrid casi se ha internado en la madrugada del 20 de julio, pero la temperatura apenas ha descendido un par de grados desde que el sol se ocultó, rozando las diez de la noche. Tengo todas las ventanas del piso abiertas, pero apenas corre nada de aire. El ordenador, igual que mi cerebro y casi todo lo que me rodea, salvo el interior de la nevera, vive apenas lo enciendo en un estado de permanente amenaza de combustión espontánea.

